Lo poco que sé del mundo y de mí. (I)

La realidad del mundo contada desde los medios de comunicación se me antoja parcial y vacía, siempre le falta algún elemento, algo que trato de buscar a través de la contrastación con otros medios ajenos al discurso mediático occidental desde Estados Unidos y Europa, pero que incluso desde otros lares como Rusia, Qatar o Venezuela, sigue estando parcializado y solo es defensor a ultranza de su verdad, esa verdad que parece construida para imponerse y no para dialogar con el contrario. Los de aquí no lo cuentan todo y los de allá tampoco, se enzarzan en sus discursos antimperialistas, por la libertad de expresión o por la democracia, según de donde vengan, y se olvidan de quienes desde el primer momento deberían ser el centro de todas las políticas: los ciudadanos o el pueblo.

Hasta en algo tan sencillo como las personas, los gobernantes y los medios se empeñan en etiquetarlos según les convengan. En Cuba, una de las últimas apuestas del llamado socialismo, desde pequeño nos llamaban el pueblo a todos y cada uno de los cubanos y cubanas, convirtiéndonos en una masa amorfa de gente con supuestos derechos y oportunidades iguales, pero que en el día a día chocaba con el hecho de que, como en cualquier sociedad del mundo, había un gran número de privilegiados que no comulgaban en los mismos términos que el pueblo. Así la idea de pueblo, si grandilocuente por la génesis de aquella Revolución de 1959, se fue desdibujando con el tiempo. Hoy mi generación se divide entre quienes se han quedado allá para tratar de mejorar aquello y quienes hemos decido cambiar de aires en búsquedas de nuevos cauces para intentar mejorarlo todo.

Torres #sevillagraffiti #graffiti

Después de llevar viviendo en Sevilla unos cinco años e interiorizar el término ciudadano en contraposición al llamado pueblo, veo que en sí no deberían ser opuestos pues tanto uno como otro se refieren a nosotros, los seres humanos, seamos españoles, migrantes, refugiados o cualquier otra palabra utilizada para referirse a nosotros. Y es que si con pueblo me sentía en Cuba como una masa amorfa, ahora con ciudadanos se aboga demasiado al individualismo, al vivir nuestra propia vida, sin interesarnos por los demás, o solo lo justo para sentirnos bien con nosotros mismos al apoyar alguna campaña de solidaridad con un país africano. La propia etimología de pueblo y ciudadanos hace referencia a la habitual confrontación entre los pueblos y las ciudades con todos los adjetivos colindantes: los del pueblo son sencillos, tradicionales, apacibles, en contraste con los de la ciudad que son complejos, modernos, viven a todo ritmo. Como un patrón preestablecido, con el cual nos quieren encasillar, pero somos mucho más y necesitamos más de lo que dichas palabras encierran y de lo que los gobernantes nos prometen.

Uno de los cubanos más universales, José Martí, dijo en noviembre de 1891 en su discurso Con todos y para el bien de todos que “en la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados.” Pero claro, ¿cuál sería la verdad? ¿Hay una verdad absoluta o está condicionada por quienes la exponen? Cuatro años en la carrera de periodismo aquí en España y otros dos anteriores en Cuba, me han permitido a acceder a parte de la verdad, que sigo sin vislumbrar del todo.

Ciertamente la única verdad del mundo son los llamados derechos humanos, todos somos iguales, y todos merecemos ser tratados como iguales, o al menos eso quiero pensar hasta que me entero que Arabia Saudí, uno de los países donde aún se crucifican personas, es presidente de los cinco miembros que asesoran al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. ¿Cómo me trago esa situación? ¿Cómo seguir creyendo en el proyecto de paz que significa la ONU si sus miembros miran a otro lado ante los desmanes de Arabia Saudí?

Es para volverse cínico ante tanta cruda realidad donde parece que quienes tienen dinero y petróleo, tienen también carta blanca para hacer lo que deseen aún en detrimento de los derechos humanos. Entonces recuerdo a Ryszard Kapuscinski y vuelvo en mí, “los cínicos no sirven para este oficio”, para el oficio de periodista, aclaro. Pero es que hay tantas paradojas en el mundo como la entrega del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama en 2009 cuando aún hoy sigue impulsando guerras contra países como Siria o contra el mal llamado Estado Islámico. Si bien hay determinadas acciones, que coordinadas por todos los miembros de la ONU, contra fanáticos religiosos como los de ISIS son necesarios ante las evidencias de su falta de cordura e irrespeto a los derechos humanos.

CONTINÚA…

NOTA: Lo presente fue escrito a inicios de octubre de 2015 como carta de presentación para el Máster Oficial en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), que comienzo en noviembre de este año. 

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