Darfur: breve historia de un largo conflicto

“Darfur fue un reino africano que abrazó a los árabes como sus iguales” (Flint y De Waal, 2005).
Desde el siglo XIV hasta el XVIII numerosos árabes llegaron a la región, principalmente emigraron dos grupos: los comerciantes y beduinos o moradores del desierto, así como eruditos independientes. Antes de los fur, en esta región existía y aún hoy siguen pequeñas tribus de los llamados tunjur, aunque para algunos estudiosos son parte de los fur. Los tunjur llegaron de Arabia Saudí hasta Sudán, trayendo consigo la religión de Mahoma a los habitantes negros del Sahara. A través de uniones entre las familias de los tunjur y las tribus que por entonces dominaban la zona, se hicieron con el poder hasta que fueron derrotados por los Keira quienes llevaron al sultanato fur a ser el más poderoso de Sudán en 1800.

Los descendientes del fundador de la dinastía Keira, Suleiman Sulong, adoptaron al Islam como la religión oficial del sultanato de Darfur y la lengua árabe como la oficial de la región. Durante unos años coexistió pacíficamente el árabe con los dialectos de las distintas tribus. De hecho dada la gran prosperidad de ese sultanato incrementaron su influencia en otras muchas tribus africanas para así tener más riqueza de manera contable.

Cuando Napoleón Bonaparte conquistó Egipto en 1799, el sultán de Darfur, Abderahman conocido como “El Justo”, estableció contacto inmediato con el militar francés para felicitarlo por la hazaña. Bonaparte le respondió con una solicitud de 2 mil hombres negros para enseñarlos en las artes de la guerra y que formaran parte de sus tropas. Darfur era la principal zona comercial con Egipto e incluso algunos comerciantes la comparaban con otras ciudades egipcias.
Dada la inmensa cantidad de tribus y tierras que se unieron al sultanato de Darfur, durante el siglo XVII se estableció un sistema de propiedad de tierra, llamado “hakura”, con sendos parecidos al feudalismo. El sultán daba a una persona por región la autoridad para recaudar cuotas y aunque en la periferia solía coincidir con los jefes de las tribus, no siempre fue así. No obstante, la dependencia de los jefes “hakura” y los campesinos que estaban en sus dominios crearon nuevos clanes y le dieron mucho poder a quienes ostentaban dicho privilegio, que terminó siendo hereditario.
Otra fuente de poder en Darfur era la esclavitud, al sur de la región los indígenas eran cazados como animales para luego ser vendidos a Egipto por la llamada “Carretera de los Cuarenta Días” o ser utilizados en las labores agrícolas. De hecho, el poderío del sultanato de Darfur, centralizado en la ciudad de El Fasher por “El Justo”, chocaría en los intentos expansivos de los esclavistas del sur que no se detuvieron ante la grandeza de Darfur y atacaron al sur de la capital. Esta situación fue aprovechada por El Cairo que se expandió en la zona, pero sería incapaz de controlar la región, que seguía bajo el control de los jefes hakura y los esclavistas.
Uno de los grandes líderes de Sudán fue Mohamed Ahmed, reconocido como “el Mahdi” o “el Esperado”, por los habitantes de Darfur y casi toda Sudán. Con la ayuda de un árabe procedente de Darfur, Abdullahi al Ta’aishi, derrocó a los egipcios y turcos que dominaban Darfur y parte de Sudán. El mahadismo es una profecía islámica que reza que el elegido de Alá regresará en los últimos tiempos, aunque algunas interpretaciones no lo ubican en un espacio determinado. Quienes conocieron a Mohamed Ahmed hablan de su sonrisa permanente en la que destacaban las dos paletas separadas, símbolo de buena suerte en Sudán.
Con la muerte de El Mahdi, Abdullahi gobernó Sudán durante 15 años apoyado en una mayoría de generales de Darfur. En 1898 el califa fue derrotado por los británicos que se apoderaron de Sudán, uno de los integrantes del sultanato huyó a la abandonada Darfur para establecer allí un nuevo sultanato. Ali Dinar reinó en Darfur durante unos 18 años, pero como todos los sultanes sin lograr el control absoluto de la región, que seguía controlada por los jefes hakura. Incluso después de la absorción de Darfur al protectorado británico de Sudán, no hubo un control real y sólo se dedicaron a tratar de mantener la paz, pero dejaron en manos de la administración nativa, aceptando incluso los títulos que se habían autoimpuesto quienes ostentaban los hakuras.

“En 1935 Darfur disponía únicamente de una escuela de enseñanza primaria, una escuela de enseñanza indígena y dos escuelas de enseñanza menor. Hasta la década de 1940 no hubo una clínica de maternidad y, tras la independencia en 1956, Darfur era la provincia con menor número de camas en hospitales de todo Sudán (0,57 por cada mil habitantes). La línea ferroviaria se prolongó hasta Nyala durante el mandato del general Ibrahim Abboud (de 1958 a 1964) y la primera carretera asfaltada fuera de una ciudad grande se empezó a construir a finales de 1970” (Flint y De Waal, 2005).

La emancipación de África, a mediados del siglo XX, no supuso una mejora en la situación de los habitantes de Darfur. La zona siguió siendo obviada por la mayoría árabe que se afincó en la capital de Sudán, Jartum, y no prestó atención a las necesidades básicas de la región, ni incluso permitió la entrada de negros africanos a las instancias superiores del gobierno.
Aquí sobrevivimos por la gracia de Dios y gracias a los motores diesel”, dijo el jeque de Legidiba, una aldea perdida en el sur de Darfur, allá por 1986. Cuando aún seguían viviendo en la misma situación que las décadas del protectorado británico, gracias a los autos llegaban algunos recursos a la zona, pero incluso el gobierno subía el precio del combustible para diezmar el desarrollo y las comunicaciones de la zona. 
NOTA: Este reportaje sobre Darfur ha sido realizada por Laura Campos Cervera, Laura Vivero León y un servidor para la asignatura Periodismo Político y Económico. Nuestras principales fuentes han sido los libros Darfur: historia breve de una larga guerra de Julie Flint y Alex de Waal y Darfur: Coordenadas de un desastre de Alberto Masegosa.

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