Entre dos mares

Hace cuatro años que vivo en España, cuatro años ya que le dije adiós a mi madre, a mi familia, a mi gente y empecé un camino nuevo, en un país extraño, con el que al menos el idioma y la historia me unían, poco más. 
La decisión no fue fácil, aunque cuando uno vive con tantas carencias, materiales aclaro, la respuesta es un sí rotundo a dejar atrás su tierra, para abrirse camino en otro lugar. Aquello de “es mejor malo conocido que malo por conocer”, no estaba a tono con mis 22 años entonces, y miren que nunca he sido un espíritu inconformista, o al menos me consideraba muy feliz con lo que me daban mis padres con su esfuerzo diario.
Playa Baracoa, Cuba 

Todavía recuerdo la reacción de una vecina, por demás mi profesora de Geografía en la Secundaria, luego compañera de trabajo y en fin una amiga, aunque por la edad podría ser mi madre: “España está en candela Albe. Con esto de la crisis no se libra nadie y allá no vas a tener a tu familia”. Y sí, cuando llegué a Sevilla, la crisis estaba en pleno apogeo, el disgusto generalizado se apoderaba de la gente e incluso un tiempo después las calles parecían reflejar lo que en todos lados se comentaba: un descontento creciente.

Pero, gracias a Dios encontré muy buena gente por el camino que me tendieron su mano, me abrieron su casa e incluso me invitaron a ser parte de su familia y hoy las puedo considerar como mía. Supongo que la necesidad hace acercarse a las personas, que mientras menos uno tiene, más necesita de los demás y de ahí viene parte de la felicidad que sentía en Cuba, donde lo poco se dividía entre muchos y al final siempre había sitio para otros. 
Cuatro años llevo por aquí, y en contadas ocasiones me han hecho sentir como un inmigrante. Ni tan siquiera cuando mi lengua, no acostumbrada a decir y criticarlo todo, se ha soltado sin respetar el más sentido común de quien está en un país que no es el suyo, sino de aquellos con los que estaba hablando. Quizás por eso no extrañe tanto Cuba, por las alas que me han dado aquí. 
Criticar es sin dudas, una de las capacidades más extraordinarias de los españoles. A veces excesiva y despiadada, pero liberadora como pocas cosas en el mundo. Tal vez mucho ha tenido que ver el mantener silencio durante tantísimos años, aunque ciertamente quienes representan hoy la democracia, la mayoría de los veces hacen oídos sordos a lo que comenta la ciudadanía. Craso error, error de cegatos. 
Sevilla, España

El buen espíritu, la sonrisa, la alegría e incluso la capacidad de soportar los problemas son cosas que ya había visto en mi tierra, donde desde pequeños nos enseñan a mirar el malecón de mil colores, aunque todos sus kilómetros sigan de duro gris. Todavía sueño con que estoy en mi casa de Cuba, junto a mi madre o viviendo cualquiera de aquellos dramas típicos de los cubanos: “mira a fulanita que salida está, quién lo iba a decir, después de lo que era…” Sí, soy débil al chisme, aunque aquí la prensa rosa me cause repelús. 

El periodismo fue otra razón que me empujó a aprovechar la posibilidad de venir a España. A finales de 2012 cuando fui de visita a Cuba, en los medios de comunicación, particularmente en la tele seguían con los mismos temas de dos años antes cuando dije adiós al país, e incluso repetían el mismo discurso, ya un poco vacío, sin sentido, para satisfacer no sé ciertamente qué exigencias, cuando el propio presidente Raúl Castro ha dicho más de una vez la necesidad de hacer más y repetir menos eslóganes vacíos
El pasado 27 de agosto, hace cuatro años dejé mi país para ser parte de este desde donde escribo hoy, ojalá también lo pueda hacer en un mañana, o si no desde cualquier otro que me dé la posibilidad de seguir ayudando a mi familia y crecer como persona. Sigo siendo cubano, hoy más que nunca y si lo repito tanto, no es porque me lo tenga que creer, sino por la absoluta certeza de que aunque en un futuro tenga nacionalidad española u otra, lo que se sigue cosiendo en aquel caimán bravío y en estos lares ibéricos marcarán mis días porque hay gente que quiero de un lado y del otro del Océano Atlántico.

FOTOS PROPIAS publicadas en mi cuenta de Instagram y disponibles en Flickr bajo licencia Creative Commons.

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