La prensa de España durante el régimen de Franco (II)

La prensa dejó de ser privada para convertirse en una institución pública al servicio del Estado. Como apunta César Gullino (1942) sobre la prensa italiana, también aplicable a la prensa durante el régimen de Franco:
“el periodismo dejó de ser un hecho privado para constituir un hecho nacional. La gestión de los periódicos era absolutamente secreta y ocultaban las más peligrosas insidias de interés personal y político, muy a menudo antisociales y a veces antinacionales” (p. 315). 
El fascismo ve en el liberalismo y la democracia, lo antisocial y antinacional, por tanto el Estado, ajeno a todo interés particular, es el único capaz de “asumir el papel educador que a la prensa corresponde”, agrega Javier Terrón.

En España, la prensa no se nacionalizó, sino que se impuso “el absoluto control del Estado sobre la producción ideológica que tiene a la prensa como soporte” con el llamado “expediente”, o sea “compaginar la propiedad privada de la empresa con la dirección estatal de su producto”, aclara el autor (Terrón, 1981, p.26). Según Nicos Pulantzas (1973):
Estos aparatos no crean la ideología (sino que) tienen por función principal elaborarla e inculcarla pues la ideología no se genera espontáneamente desde unas instancias más o menos formalizadas, sino que responden objetiva y necesariamente a los intereses de las clases dominantes cumpliendo la función de legitimación de status quo (p. 361). 

Uno de los principales apoyos del franquismo, fue la Iglesia Católica, y no sólo era un mero compañero, sino que entre el Estado y la Iglesia había una “unidad total de pensamiento”. Como única poseedora de la interpretación de la “Verdad”, el catolicismo español veía en la libertad de expresión pregonada por el modelo liberal un peligro para su papel secular en muchas sociedades occidentales.


Para la Iglesia remarca Terrón (1981):
Libertad de imprenta se identifica con la posibilidad de caer en el error y por tanto en la maldad, creando un clima contrario a la verdadera religión y a los principios cristianos que han de regir la sociedad. La libertad de pensamiento y de expresión no es por sí misma un bien, sino que es fuente y origen de muchos males (p. 29).
La Iglesia exige así, mucho antes de la llegada del régimen de Franco, que los gobiernos censuren todos los escritos sectarios, pero va más allá y crea una “prensa verdaderamente católica” en la cual los periodistas se subordinan a la jerarquía eclesiástica, ejecutando y divulgando sus mandatos, apoyando las iniciativas y disposiciones de los obispos, quienes “pudieran ejercer sobre aquéllos una acción de control y censura” (Terrón, 1981, p. 30). Siguiendo el ejemplo francés de los periódicos Croix y Bonnes Presses, crearon una federación de la Buena Prensa Católica que en 1904 celebró en Sevilla su primera Asamblea Nacional, con el apoyo del Cardenal Marcelo Espínola y del Correo de Andalucía.

Los periodistas constituyen una suerte de aristocracia especial, una aristocracia espiritual que tiene que cumplir aquellos deberes que marca la doctrina cristiana, el deber de ilustrar rectamente al que no sabe, ejerciendo una especie de patronato sobre las clases inferiores; una aristocracia que recoge las palpitaciones diarias y es el portavoz de la civilización y del progreso. Una aristocracia, en fin, que comparte con el Gobierno las funciones directivas del Estado (Herrera, 1963, p. 248).

Son palabras de uno de los impulsores de esta llamada Buena Prensa, Ángel Herrera, quien por la década del veinte del siglo pasado impulsara diversas publicaciones como El Debate y posteriormente la Escuela de Periodismo del mismo nombre, donde se enseñaba a los periodistas estas “buenas prácticas”. Prácticas que durante el régimen de Franco fueron tenidas muy en cuenta.

Aunque en un primer momento, no será la Iglesia quien gestione las instituciones como el Ministerio de Comunicación, si no la Falange, las ideas de censura previa, secuestro de publicaciones e incluso la inhabilitación de por vida de los periodistas, se manejaban desde estos sectores.

REFERENCIAS:
-Gullino, César, A.: “Mussolini, modelo de periodistas” en Gaceta de la Prensa Española. Año 1, núm. 5, octubre 1942.
-Herrera, Ángel, “Obras selectas de Ángel Herrera”, BAC, Madrid, 1963.
-Poulantzas, Nicos: “Fascismo y dictadura”, Edit. Siglo XXI, Madrid, 1973.
-Terrón Montero, Javier: “La prensa de España durante el régimen de Franco: un intento de análisis político”, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid, 1981.

NOTA: Esta reseña sobre el libro La prensa en España durante el régimen de Franco: un intento de análisis político de Javier Terrón Montero, es parte de una actividad extracurricular para la asignatura Historia del Periodismo Español. Espero que como a mí, los ayude a entender parte de ese período gris de la historia de este país. Pueden comprar el libro en la librería del Centro de Investigaciones Sociológicas.

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