FE en #Cuba

“Claro, como ahora tenemos FE”, me decía mi mamá desde Cuba en esas habituales e imprescindibles charlas, de poco más de diez minutos, que mantenemos cada domingo. Lo de la FE en mi isla no siempre se refiere a las creencias religiosas, bien sea católica o en la santería, si no a los que tienen algún familiar en el extranjero. FE en toda regla. 

Tener familia afuera, en la “yuma” como resumen allá a Estados Unidos, es una de las tantas balsas que tienen los cubanos. Quienes no han tenido la oportunidad de salir al extranjero, no han cruzado el Estrecho de la Florida a Miami en cualquier embarcación rústica inimaginable o cualquier otro cauce para irse, siempre les quedará el primo, la tía o el hermano que vive del otro lado. 

El de afuera es ese personaje salido de un cuento de hadas, que se presenta con paquetes, unos cuantos dólares o euros, depende de dónde venga, e historias del capitalismo, que en Cuba sólo se ve en las películas, pero que ellos si no las han vivido, se las inventan. Quienes tienen a esos pequeños duendes, ya no son igual que el resto de los mortales cubanos.

“Vamos, que to’o el mundo sabe que vives como un Rey”, “desde que Yulianis se casó con el gallego ese, está más creída, con lo comep… (palabrota cubana incluida) que era, si estábamos juntos en la misma escuela” o “te tomaste la Coca Cola del olvido, mi amor”, aunque este último comentario es más propio para quienes cruzaron el charco y van de visita a la isla. 

La FE les da más rango a algunos y las conversaciones ya toman matices distintos, ya no “eres la pordiosera esa”. Con la FE pasas a formar parte del grupo de privilegiados cubanos que viven de ese familiar en el extranjero. ¡Lo que no darían muchos por tener uno o mejor aún por irse ellos para ayudar a los suyos! 

Yo ahora, bueno, hace unos cuatro años, ya soy de los otros, los que se han ido y viven la película que muchos sueñan. Si todo el mundo supiera cuanto nos acordamos de los que dejamos atrás, ya no seríamos esos príncipes azules o princesas, qué hay muchas, que se pasan los días del lado de acá pensando cómo estarán los suyos y… “si mi mamá estuviera aquí como disfrutaría esta pizza” suspirando en cada bocado

La mayoría se pasa el año entero, o muchos más, trabajando como verdaderas Cenicient@s para llevarle a su familia algo cuando logren ir a Cuba o enviarle cada mes un dinerito o simplemente recargarles el móvil. Sé de muchos que son capaces de quedarse aquí un tiempo sin computadora, con tal de mandar la portátil a su hermano en la isla. 

No son distintos, son cubanos aunque ya no tengan que romperse el coco a la hora de comer. Aquellos días de la nevera vacía, -“niño sale delante del frío, que eso no pare”-, han quedado detrás para ellos, pero no siempre se puede evitar que quienes están del otro lado sigan en la lucha diaria de vivir en Cuba. Cuando se puede, ahorran como la Cucarachita Martina cada moneda para lograr llevar la fe a quienes viven allá. 

Y aunque en lo más profundo deseen volver algún día, después de tanto ver, desean más tener a los suyos de este lado, aunque eso signifique acabar con esa larga tradición de FE.

P.D. Pongo la música siempre certera de Buena Fe sobre parte de esta historia 😉

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