Microrelatos de amor sin canción desesperada

Lo añoraba cada día, desde que se levantaba hasta que llegaba de nuevo a su casa sin poder contarle a nadie su rutina y las mil ideas que pasaban por su cabeza. Esa historia de película que le sacaba más de una lágrima, no le llegaba y ya estaba cansado de tanto buscar y más tropezar. Nadie quería más, todos simplemente se conformaban con unos minutos de felicidad, unos segundos de placer y pasaban a la siguiente página.
Asqueado de caer una y otra vez, recrudeció su coraza, entró en el mismo círculo vicioso de utilizar y botar, ¿para qué reciclar? Pero la vida es caprichosa y un día sin querer se topó con otro alguien, tan especial y único que no estaba dispuesto a compartir un amor superficial.
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Ahí va él, repartiendo felicidad a todos aquellos que lo quieren. ¿Acaso todo el mundo no quiere un poco de felicidad? Me preguntarán ustedes, pero les diré que no, que hay gente cansada, consumida y hastiada de tanto rojo, corazón y purpurina. 
El amor siempre es cotizado. Seguro que si algún día sale en bolsa, no habrá dinero en el mundo capaz de cubrir cuánto vale. Mira que yo llevo años cotizando, engaños tras engaños, y al final siempre me descubren como si tuviera un tufillo. Pero aquel con cara de ángel, alas incluidas y sus malditas flechas, pasaría desapercibido. Podría robar un banco que nadie se enteraría. Él, yo no. 
La parte mala me tocó a mí, pero claro de mí poca gente habla y prefieren verlo todo en tecnicolor y no en blanco y negro, o en escalas de grises como realmente es la vida. Supongo que el amor hace ese daño a quienes caen en sus garras, lo pone tonto, lo adormila como un bebito. Pero después de una desilusión ¿quién los agarra? Nadie. Así de cruel es la vida. 
Conmigo… perdón es que no me acostumbro a hablar del otro, de la otra cara. Con él seguro tendrán un tiempo de algo, que se empeñan en llamar felicidad, pero sin temor a repetirme, les contaré que todo es mentira, que al final es una ilusión y que, tanto del otro lado como en este, solo hay oscuridad. 
Ahí queda, ahí los dejo, sigan ustedes empeñados que yo los espero con los brazos abiertos, alguna vez caerán. 
Saludos de El Odio.

P.D. Estos microrelatos han sido parte de la clase de Escritura Creativa.

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