¿Con qué vara medir?

Las opiniones son tan válidas como cualquier persona que las defienda con argumentos comprensibles y no impuestos a nadie. Permitir que cada uno “saque sus propias conclusiones”, como dice el periodista cubano Reinaldo Taladrid, debería estar implícito en cualquier intervención pública y principalmente en los medios de comunicación de masa, que cada día me doy cuenta son de manipulación de masas y miren que lo he oído hasta el cansancio. Lo malo de necesitar ver para creer.

Precisamente en el debate del viernes 17/01/2014 de un canal de televisión español, Al RojoVivo de La Sexta, los tertulianos hablaban del sistema de salud español y los inmensos gastos que suponen los “inmigrantes” para las arcas públicas. La mayoría estaba de acuerdo en pasar la tarifa a los países de origen de quienes no son españoles y se favorecen de la seguridad social, principalmente los de la comunidad económica europea. El colmo fue alguno que sugirió mandar las cuentas también a países africanos como Nigeria.


En España sanidad excluyó hace un año a los inmigrantes sin papeles –como me dijo una profesora en tono interrogativo qué diferencia hay entre los extranjeros y los inmigrantes, sin dudas el nivel adquisitivo del individuo y de su país de origen-, quienes son solo atendidos en casos extremos, aunque algunas comunidades autónomas se han negado a aplicar la normativa del gobierno del PP. El mismo gobierno que ahora propone quitarle la prestación sanitaria a los españoles en paro que se pasen más de 90 días fuera del país.


Para entendernos: los españoles que vivan fuera que sean una carga para el país donde se encuentren, pero el inmigrante –porque claro, el extranjero se puede permitir un seguro privado- que resida en España debe mandar sus gastos de salud a su nación de origen. Una incongruencia a los ojos de cualquiera, menos de los que debatían al mediodía en la cadena de izquierda de la TV española, incluso de su presentador que normalmente habla más que los demás, pero en esta ocasión pasó a otra noticia. La actualidad manda.

Si bien los medios son quienes más contribuyen a la alienación o “bobización” de la sociedad, lo preocupante es cuando la vara de medir de un Estado, de un presidente o un organismo, difiere según quienes sean los implicados en un caso, aunque a simple vista debería aplicarse las mismas pautas para unos y otros. ¿Hasta cuándo va a seguir en Siria la guerra civil con sus consecuentes desgracias para la población? ¿Por qué fue distinto con la Primavera árabe de 2011 y el mundo lanzó su mano sin pensarlo? ¿Acaso no hay seguridad que en el “régimen” de Bashar-Al Assad se han cometido delitos de lesa humanidad?

En la utilización de las palabras sin dudas hay una intencionalidad, Siria, Irán, Cuba, China y Corea del Norte son “régimenes” dictatoriales porque sus ciudadanos no viven en democracia y son controlados por el Estado. Del otro lado Estados Unidos sigue siendo la “democracia por excelencia”, el adalid de la libertad, aunque eso suponga espiar a sus propios habitantes y a los deotros muchos países, incluidos los supuestos líderes mundiales amigos. Estará por ver si Obama cumple su promesa de no espiar a los compinches, a esos que también espían bajo el pretexto de amenaza terrorista. Legítimo en cualquier caso, toda nación debe preservar la seguridad de los suyos, pero ¿dónde está el límite?

Irán y Corea del Norte no pueden tener energía nuclear porque suponen un peligro para la humanidad. “Esos locos a saber Dios qué hacen con eso”, es la idea que a mi entender transmiten los medios cuando hablan al respecto, incluso cuando lo hicieron de las fantasmas de Iraq. Sin embargo, EstadosUnidos y Rusia siguen con su armamento nuclear sin destruir. ¿No son igual de peligrosos unos y otros? ¿Hace falta otro Hiroshima Nagasaki para demostrar la devastación de una bomba atómica?

Y para seguir con Estados Unidos, tengo una extraña fijación debido a mis 22 años en Cuba, una vara de medir difícil de quitar. Cada año mi país lleva a votación en las Naciones Unidas el bloqueo económico que la gran nación de América –aunque ahora mismo esté en duda su grandeza– ha impuesto a los cubanos poco tiempo después de la llegada de Fidel Castro al gobierno y su apuesta por las ideas comunistas. ¿Por qué mantienen el bloqueo económico a Cuba y con otras naciones abiertamente comunistas como China, las relaciones son más cordiales? ¿Tanta diferencia hay del gigante asiático al país caribeño? La respuesta es evidente, China está presente en todos lados y les ha sido imposible ahogarlos como quieren hacer con Cuba. La tragedia es la misma, quienes sufren más las medidas o la vista gorda son los ciudadanos de dichas naciones, no sus dirigentes.

Otro país donde recientemente la vara de medir se ha atrofiado es Israel –esa nación construida en tierra de nadie con el visto bueno de las Naciones Unidas, ante su vergüenza por los años de genocidio contra los judíos– ha puesto en práctica una ley que permite la encarcelación por un año de los inmigrantes ilegales en su territorio. Un pueblo peregrino, siempre perseguido y cuyo grueso ha inmigrado alguna vez en su vida, hoy le da la espalda a quienes emigran de África huyendo de guerras, hambre y una pésima esperanza de vida. Hay varas de medir que deberían ser irrompibles.


Como mi vara de medir está atrofiada con tantas ideas antepuestas, incluso en los mismos gobiernos, no podía dejar de hablar de la de Cuba. Un claro ejemplo es las noticias que hablan de Rusia, una nación supuestamente democrática donde la propaganda homosexual está prohibida y cuyo presidente, todo un “macho vodka”, dijo hace poco que no hay problemas con los gays siempre que no se metierancon los niños. De esa y otras barbaries rusas no hablará ningún medio en Cuba, el amigo rojo es intocable, pero sucede cualquier caso de homofobia en USA u otra potencia y los medios lo sacarán hasta el cansancio.

Así mismo, quería soltarlo hace rato, en mi país hace poco se liberaron los negocios particulares, la propiedad privada de cualquier sitio, pero a finales de 2013 hubo una regresión total, pues al parecer se les fue de la mano y no analizaron a conciencia la capacidad del cubano para vender lo que sea, para “inventar” como definimos nosotros el hacer cualquier cosa para vivir. Los artículos de importación han quedado prohibidos para su venta por particulares, volviendo al mercado negro como hasta hace poco las ansiadas camisetas del primo del “yuma”, extranjero, y cualquier otro que no lo controle el Estado. Adiós a la ganancia que podía tener el Estado de esas ventas, adiós a las salas de cine 3D porque, dígame si no es una vara de medir rota, necesitan permiso para emitir el material. Si no ha visitado Cuba, sepa que en todos los canales de televisión se emiten películas y series robadas de la TV extranjera, sólo dele un vistazo a la cartelera semanal y verá títulos que aún no se estrenan en ningún país porque están en los cines.

Los sorprendentes precios de los autos en Cuba. Diseño: Yimit Ramirez

Y para echarle más chicha a la vara de medir cubana, la bomba explotó hace unas semanas cuando por primera vez en 50 años se liberalizó la venta de automóviles de primera y segunda mano. Seguro a más de uno se le estrujó el corazón pensando que algún día podría comprarse un coche, posiblemente cuando tuviera 80 años porque con los salarios de la isla, unos 20 euros mensuales, y los precios de los coches no le alcanzarían dos vidas para pagarlo. A lo mejor lo liberalizan por la libreta de abastecimientos –o cartilla de racionamiento– si el comprador se compromete a que sus nietos pagarán parte del coche. Toda la vida hablando del consumismo del capitalismo y resulta que en Europa sale más barato adquirir un auto que en Cuba. El país de las maravillas, lo llama mi papá y no se equivoca, la pobre Alicia se hubiera vuelto loca entre tantos laberintos.


Cada cual defiende su cortijo, pero cuando tu techo es de cristal hay que pensar dos veces qué vas a decir del vecino. La sabiduría popular siempre presente y ayudándome a discernir entre tanto ego enfrentado y enfermo, hasta con el mío.   
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