La privacidad sí importa

Desde que el caso Snowden transgrediera la simple comparación con la página de filtraciones Wikileaks y su mediática quedada o no en Rusia, el juego del ratón y el gato de países como Estados Unidos se ha visto expuesto a la opinión pública, como nunca antes, como no se podía cuando en la Guerra Fría estaba casi tan justificado el espionaje en masa como ahora con la Guerra contra el terrorismo, iniciada por George W. Bush y continuada por el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama. Eso es coherencia.
El espionaje es tan antiguo y, me parece mentira decirlo, necesario para el hombre por cuestiones de defensa, evitar -¿se imaginan?- que tu vecino te robe el búfalo que acabas de cazar. Claro, que entonces era más simple, menos enrevesado y con una falta de ética justificada porque, seamos claro, no la teníamos. Hoy la caverna se nos quedó corta y vemos las mismas luces y reflejos en cualquier rincón de esta aldea global, a veces igual en exceso, pero la defensa anticipada, sin llegar a las armas y para evitar el estallido de conflictos es más precisa que nunca. Esa sí está justificada.
Pero el espionaje desmedido, casi rozando lo faraónico y controlador, a cualquiera tanto dentro como fuera de Estados Unidos, y no sólo por ellos, sino por cualquier gobierno, debería estar prohibido por ley. En algunos países lo está, como por ejemplo en España desde la entrada en vigor de su Constitución:

Artículo 18 Derecho a la intimidad. Inviolabilidad del domicilio

1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

2. El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.

3. Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.

4. La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos.

Si se aplicara y respetara tanto en España, como en otros países de la región donde seguro tienen disposiciones parecidas, la noticia de que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) ha espiado las cuentas de Apple, Google y Outlook de muchísimos usuarios tanto dentro como fuera de sus fronteras, no quedaría en la simple anécdota y en una explicación a puertas cerradas ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso en Madrid. Curiosamente, al otro día en Inglaterra los responsables del servicio secreto comparecían a través de la televisión nacional con dos minutos de retraso por si se daba algún dato confidencial. La transparencia tiene muchas tonalidades ¿o no?
Ante este panorama, donde también se han visto salpicadas redes sociales que usamos a diario como Facebook, los ciudadanos estamos indefensos y vemos pasivamente cómo las naciones involucradas, tanto espiadas como las que espían, llegan a acuerdos a nuestras espaldas, con total impunidad y sin que la ONU tome medidas restrictivas como hacen con otros países que claro no son democráticos y constituyen un peligro para el resto del mundo. ¿La barra de medir tiene fallos? Los remito a un caso con Google en China que en su blog Enrique Dans explica detalladamente.
Desde Brasil y Alemania comienzan a oírse decisiones, creo yo, atroces para la aldea global que hemos construido para bien o para, no es el momento de analizarlo, pero que indudablemente crean fronteras, no aplaudidas cuando lo hizo Irán, pero ahora se miran con otros ojos. ¿Acaso hay tanta diferencia en que un país u otro cree una red nacional de Internet? ¿Acaso no se estaría violentando también el acceso de los ciudadanos a la red de redes, en muchos informes ya considerado parte de la libertad de expresión?

La privacidad sí importa, reafirmo, todos deberíamos tener control de nuestras vidas y bueno si publicas algo en Facebook o Internet, serás tú quien amplíe o reduzca tu concepto de privacidad. No debería verse manipulada según las decisiones de un gobierno, país o institución cualquiera que sea. El Sol no se tapa con un dedo y aunque las voces en los medios se empeñen en no amplificar este hecho, seguirá ocurriendo en detrimento de la legítima acción de cada Estado de cuidar sus intereses.

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