Mad men: los locos más cuerdos

A esta serie llegué gracias a una conferencia en el EBE del 2011, la había oído, pero no me aventuraba con los años 60, tal vez por eso terminó en un canal casi desconocido de Estados Unidos, AMC. Soy franco: padezco de la triste idea de que lo viejo, por viejo, es malo, y loco yo, me estaba perdiendo una de las grandes series de esta década. 

Hoy por suerte soy uno de los locos que disfruta con el mundo de Don Draper, Peggy Olson y muchos otros publicistas o familiares de estos, por no decir las eventuales conquistas de unos y otros, que hacen atractivo el mundo de las oficinas. Parece difícil, pero el creador de esta serie, Mathew Weiner, ha dado un tono diferente al trabajo de oficina, no hace falta perderse en una isla, escaparse de una cárcel o resolver asesinatos para que la gente se enganche a una serie. 

Con ritmo a veces lento, pero aplastante, como reza el refrán del elefante, Mad men se cuela en nuestras vidas y nos hace sufrir con las malas ideas de Peggy, el desinterés natural de Don y nos irrita las maneras de niño rico de Pete Campbell. Todos tienen problemas y mira que es una afirmación muy absoluta, pero ciertamente en esta serie no queda cabeza sin cortar: los complejos, el dinero, la promiscuidad, la bebida, la ambición toca a cada uno de los personajes. 
Uno piensa que por llevar traje de cuello y corbata -además de cobrar una millonada para los ´60- son menos propensos a tener crisis existenciales, que otra persona. ¿Con ideas tan geniales para publicidad? ¿cómo no pueden manejar circunstancias tan sencillas de la vida? Pues el genio para algunos se limita a su trabajo, en esta serie para casi todos, aunque al final quien parece ser el menos cuerdo, Bertram Cooper, es quien lleva mejor su vida personal ¿o será que no la tiene?
Si uno lo mira fríamente Mad Men es un culebrón disfrazado con retoques impecables en edición, vestuario, ambientación y el mundo de la publicidad, principal pretexto para conducir la serie. A mí me tiene enganchado, como a muchos otros, pero la realidad es esa, aunque los críticos estén enamorados de ella y reciba multitud de premios donde quiera que vaya.

Culebrón o no, y ya sé que a muchos no les gustará la comparación, la serie destaca porque no nos presenta a los personajes de una manera cerrada, cuando menos lo esperas, alguien hace una trastada como Lance Pryce. Se acuerdan aquel pasaje bíblico donde Jesúcristo dice: ¿el que esté libre de pecado que tire la primera piedra?

Los muchachos y muchachas de Mad Men no podrían lanzar ninguna.

La serie es todo un éxito y no es que lo diga yo, se repite en todos lados, incluso el otro día un compañero en Twitter me decía “Mad Men es la hostia. De las mejores, y no conocida hasta hace poco”. Tengo mi teoría de por qué es “la hostia” y disculpen si me pongo filosófico, pero sin dudas la búsqueda de la felicidad es la primera y más fundamental de la humanidad.

Más allá del dinero que tengamos, por naturaleza buscaremos la felicidad y si no la encontramos en nuestra vida personal, la queremos en el trabajo, en la sociedad, por eso tratamos de ser los mejores y nos frustramos cuando no alcanzamos el éxito, necesitamos sentirnos amados y respetados por los demás, algunos no se conforman con una de las dos partes y lo quieren todo, aunque en el camino se carguen su relación, el amor o su misma persona.

Ahí radica el éxito de Mad Men, enfocar la búsqueda de la felicidad como una locura que no tiene solución, pero es posible, aunque tengamos que hacernos los más cuerdos ante la sociedad.

ENLACES:

Tu opinión vale

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s