De Cuatro Caminos a Santa Clara

Nos trasladamos a la ciudad de Santa Clara en Cuba, gracias a las crónicas de Manuel González Bello. Esta fue publicada el 22 de agosto de 1999 en el periódico Juventud Rebelde, espero la disfruten: 



Supongo que el corazón marche en paz por estos días. No es para menos. Trasladarse de pronto del barrio de Cuatro Caminos, en el centro de La Habana, a la ciudad de Santa Clara, en el centro del país, es como recibir una psicoterapia tranquilizante y vivificante.  


Lo primero es la gente. En mi barrio la gente camina de prisa y muestran los rostros generalmente tensos, poco amistosos. Por las calles aledañas al Parque Vidal, en el corazón de la ciudad capital de Villa Clara, las personas caminan despacio, con una serenidad plena y diríase que prestas al saludo.  Tal vez sea el entorno el responsable de tanta calma. 


Qué distinta mi Belascoaín de tropel, ruidosa, y sucia, horriblemente sucia, a ese boulevard santaclareño tan concurrido pero tan callado, y limpio, tremendamente limpio. La limpieza. Ella se vuelve un símbolo de Santa Clara. Amanece y uno no ve los latones desbordados de basura de las calles habaneras. En estas calles no hay papeles en el pavimento y encontrar una colilla de cigarros en la acera, es un milagro. Este es el paraíso de la limpieza.  No sólo en las calles: en cafeterías y lugares públicos, la pulcritud provoca deseos de permanecer. 


Mi amigo y colega Jorge García Sosa intuye que la limpieza debe haberme sorprendido, y me habla del tema. Por supuesto, por donde quiera uno ve empleados barriendo. En mis calles sucias, nadie se inhibe de lanzar basura al pavimento. En las calles santaclareñas, a nadie se le ocurriría. Por pudor.  Es el círculo inevitable: si la municipalidad cuida, los ciudadanos también. ¿Recursos? ¿Qué mi barrio es muy grande y poblado? Habría que ver. La voluntad también es imprescindible.  


Ah, las cafeterías. Qué diferencia en el servicio gastronómico de mi Habana con el de Santa Clara. Dependientes que cumplen con su trabajo de la forma más normal del mundo, sin que uno sienta la molestia de que los está ofendiendo por solicitarles una hamburguesa o un refresco.  Aquí uno también recibe sus confirmaciones.  


En estos días en todo el país se vive la Era del Mango, pese a que en mi Cuatro Caminos los precios sean tan elevados como si se tratara de una fruta exótica. Aquí, en una cafetería, leo en la lista de ofertas: jugo de mango 15 centavos. Es el mismo jugo que en las cafeterías habaneras vale un peso. Los economistas de seguro tendrán sus teorías sobre la diferencia de precios entre las dos ciudades, pero cualquiera admitiría que a los seres normales les tienen que entrar dudas.  


La amabilidad brota natural. En la casa del boulevard donde me hospedo, Nereida y Pedro ya no encuentran qué inventar para que la estancia en el lugar sea, más que agradable, inolvidable. Y lo hacen no de propósito, sino porque les sale así de espontáneo y fresco. Pero amables parecen ser todos por aquí. Ellos, en todo caso, son exponentes de un estilo de vivir, expresión de una cortesía colectiva.  


Dicen que el verde es paz. Los árboles del Parque Vidal mantienen su verdor. Verde las paredes del hotel Santa Clara Libre y verde las de una cafetería en la esquina opuesta. Las hojas no parecen caer, alguna magia les impide afear el parque. 


Alicia en el país de las maravillas. Así pudiera decirse de Santa Clara. Pero ese es nombre del espectáculo que La Colmenita ofrece por estos días en el teatro La Caridad. Hasta aquí ha llegado la tropa de Cremata, como a añadir maravillas a la ciudad. Un cartel anima y desconsuela: agotadas las localidades para el fin de semana. Los pequeños artistas van también a otros lugares de la provincia. Santa Clara se muestra activa en su vida cultural. No sólo por lo que le llega de la capital del país. 


En la biblioteca -una de las columnas culturales de la ciudad- reza un cartel: peña de la guitarra, vídeos infantiles, los abuelos y la literatura.  Santa Clara también vive en período especial. También atraviesa la crisis económica. Pero sucede que ha encontrado la fórmula para que la etapa difícil sea menos cruenta. 


Habría que ver dónde están los secretos. Eso se traduce en una paz espiritual que emana de su gente, de sus calles acogedoras, en la tranquilidad que se respira, hasta en el aire más puro. Quién sabe si alguna vez un santaclareño viaje a mi Habana y pueda decir lo mismo de mi Cuatro Caminos sucio, contaminado y hosco. 

Anuncios

Tu opinión vale

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s