Generación audiovisual

Soy de la generación destinada a estar ante la televisión unas 4 horas diarias, a veces estoy muchas más, aunque con esto de la conexión a Internet, no presto atención del todo a la tele, pero ahí la tengo encendida, acompañándome, como antaño lo hacía la radio con nuestros abuelos. 
De haber nacido en los años 20 del pasado siglo, sí estamos en el XXI por si aún no caes, la radio sería mi principal referencia, y la literatura por supuesto, que sería de nosotros sin ese negro sobre blanco. Aunque cada vez más, la literatura queda en el olvido, pese a los intentos de renovarse con las nuevas tecnologías y poder llevar en nuestra tablet más libros que en la mochila.
Me gusta la radio, me encanta la literatura, pero donde me ponen una buena película o un serial de televisión, de calidad y sin publicidad -ay la publicidad- quedo rendido a sus pies.
Cada 1ro de Mayo, ese día en que vine al mundo, no tienen por qué saberlo, pero se los digo… pues mi madre me recuerda que cuando estaba con las piernas abiertas, asomando yo la cabeza, los doctores y enfermeras  miraban a la tele una película de una princesa o algo así. No tengo los detalles, pues mi madre le puso la cruz y yo nací con esa cruz de ser tele-adicto.
Soy así, no tendría ni que justificarme con el día de mi nacimiento porque muchos de los que han estudiado conmigo, conozco o me leen, tú mismo, tienes esta misma necesidad que yo de ver y oír alguna historia en la tele o cualquier otro dispositivo. Con esto de los smartphones, teléfonos inteligente, conectados a Internet estés donde estés, es difícil no ver algo cada día.
Aquello de “una imagen vale más que mil palabras”, con la televisión ha tenido la cabida perfecta, a veces sobran palabras con un buen plano, como en la Semana Santa de Sevilla transmitida por Giralda TV, pero  es que no oír algo en la tele es un vacío demasiado profundo. 
Y lo de a veces, es solo pocas veces, porque cuando en la televisión la cogen con hablar, madre mía, qué alguien los pare, hasta de su vida íntima, como si no hubiera tapujos, como si estuvieran en familia y sí es agradable el sentimiento de cercanía, pero roza lo escandaloso. No tienen horario, ni fecha en el calendario, como si no hubiera niños en las casas o las señoras que antes se ruborizaban con esas cosas ya no existieran. 
Quien dice televisión, habla también de cine, una buena película ya sea en el sofá de la casa o en el cine con palomitas, es uno de mis momentos preferidos de la semana. Cuando la película es buena, no significa que haya ganado un Óscar, BAFTA, Goya o cualquier otro premio, si no pasar un buen tiempo, sea de risas, temor o análisis, pero bueno, nunca sentir que nos han robado dinero y tiempo -valga la redundancia- con un producto enlatado. Suelo pedir demasiado, por eso ayer al ver la cartelera, preferí no ir.
Ante eso me quedo con la portátil y la tele, una bomba de relojería donde se nos van los días conectados y viendo noticias, videos musicales, cortos, cualquier producto audiovisual o interactivo. Soy de la llamada generación audiovisual, pero no puedo negar que hemos mutado en una nueva generación más completa o más vacía, eso lo dirá el tiempo, como sea ya somos la generación conectada con las redes sociales y los vericuetos de Internet. ¿Qué será lo próximo? Ojalá esté vivo para verlo.
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La generación audiovisual en el proceso del conocimiento, por María del Socorro Mendoza Sánchez en Revista La Tarea (México)
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