Presidio Modelo II

Volvemos sobre los pasos de Pablo de la Torriente Brau en su libro Presidio Modelo, gracias a Danay Galletti Hernández. Decir que este cubano no fue solo un hombre de pensamiento, si no que murió en España en la Guerra Civil de los años 30, o como dicen algunos por aquí In-Civil. 

Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, logo
En La Habana, un centro de arte y literatura lleva su nombre para impulsar a los nuevos creadores, impulsan programas como A guitarra limpia para los exponentes de la nueva trova, talleres de creación para escritores, diseñadores y por supuesto contribuyen a la divulgación de la obra de Pablo de la Torriente Brau. Para ello cuentan con todo su catálogo de libros disponibles en descarga directa en este link. No solo encontrarán materiales de Pablo, si no también de Silvio Rodríguez, Raúl Roa y Luis Nogueras, por solo nombrar algunos.  Y totalmente gratis, que la cultura no tiene precio.

Ya los dejo con Danay, ¿se acuerdan que Pablo entraba al Castillo del Príncipe? Seguimos con más:

Los gritos de ¡Muera Machado! y ¡Muera Díaz Galup! no cesaron dentro de la cárcel, según relata Pablo. Los mandantes prestos a silenciar sus voces se retiraban amenazadores «con unas ganas tremendas de que les dieran permiso para entrarnos y desbaratarnos a cabillazos». Pablo denuncia, entonces, los maltratos y arbitrariedades que debían soportar quienes manifestaran su desacuerdo con la política del Estado y las deplorables condiciones de los penales cubanos de la época «dormía toda la galera en las colombinas bajas y sucias que nos suministraba el penal y que nosotros pintábamos de insultos».
Dos meses más tarde lo trasladaron para Isla de Pinos, primero para la cárcel de Gerona y luego para el Presidio Modelo cuya «siniestra fama» sobrecogía a toda Cuba. Pablo describe su propia experiencia y la de sus compañeros de causa al divisar «la sombra gris de nuestra imaginación», como calificara al Presidio, «No era el terror, porque nadie allí era capaz de sentirlo. Era la sensación de que también a nosotros nos iba a devorar el silencio y la soledad»
Ya dentro Pablo percibe que «el escenario intenta ser amable, pero no lo consigue a fuerza de frialdad». La incomunicación en un principio, los dos años de amabilidades e hipocresías casi inverosímiles, «el mundo de sombras, de pavores, de siniestros estremecimientos (…) que vibra en mi interior al evocar los recuerdos de los relatos del Presidio Modelo» fueron tal vez las causa de la confesión que años más tarde le haría a Conchita «Pablo me dijo que él se sentía enfermo de por vida por todo lo que había vivido en el Presidio»
El ayudante del doctor Crucet, encargado del Gabinete Dental del Presidio Modelo «estaba sacando muelas en ese lugar, por ejercer la profesión ilegalmente en la calle» Esto demuestra cuán importante era la salud de los presos en el país. Las palabras del propio personaje evidencian la indolencia de la que eran víctimas, dentro del penal, los opositores al gobierno «— ¡Esto tiene rabia…Por sacar muelas cobrando, en la calle, tengo que venir aquí a sacarlas de gratis…y allá fuera es ilegal y aquí no!».
Pablo también critica la situación en otros penales donde había estado por su labor revolucionaria «las destartaladas colombinas de El Príncipe, las chinchosas camitas de hierro de la Cabaña (…) al hacinamiento y a la porquería incalificable del Vivac de La Habana, a los pisos perennemente sucios, a los inodoros descompuestos y repugnantes y a las duchas sin agua».
A continuación Pablo refiere un mundo idílico y maravilloso que los alejaba de las leyendas de terror emitidas, por años, sobre el Presidio. «En los pisos pulidos se reflejaban las luces eléctricas (…) las camas nuevas, vestidas en su estreno, parecía que iban a hacer la primera comunión de blancas que lucían; los baños (…) de mármol y con piezas niqueladas, eran verdaderamente lujosos. La comida caliente, sabrosísima y abundante (…) Se nos trató como para que no tuviéramos derecho a quejarnos»
Pero los cuentos sí eran ciertos y el autor decide mostrárnoslos en forma de película. Según su amiga Conchita, Pablo aspiraba a convertir el libro en un guión de cine, retrato de la época de barbarie que  fue el machadato.
El espectador se sienta en la butaca más cerca de la pantalla y disfruta del filme que está próximo a proyectarse. «La función va a comenzar» En la primera escena aparecen unos hombres que cargan pesados leños enormes e irregulares. El último de ellos recibirá un disparo de muerte. « ¡Cada uno, en la desesperación de vivir, se hace cómplice del asesinato del otro!… ¡La competencia macabra se prolonga, interminable, como un hilo desenrollado de un carrete!» Pablo capta con su ‘lente’ la agonía, la desesperación y el dolor de los presos temerosos de perecer.
Las secuencias parecen irreales, ficticias, inspiradas por mentes macabras. Pero, por muy inexistentes que parezcan, estas historias constituían reproducciones fieles de la vida real y sus protagonistas vivían en la Cuba republicana, al servicio de uno u otro gobierno. A Eladio Agüero y a Aureliano Águila, lo asesinaron hombres de carne y hueso. «Los culatazos caen sobre el hombre derrengado… ¡El pobre (…) es ya un guiñapo! (…) ¡Y más tarde cae otro de ellos! »
Las investigaciones que Pablo realiza lo hacen conocedor de múltiples vivencias relacionadas con el mundo hostil y tétrico del Presidio Modelo: «Una vez vi cuando a José de la Cruz el cabo Claudio García le hizo comerse su porquería…Le puso entonces el pie en el pescuezo y le restregó en ella la cabeza. Al día siguiente lo mataron»
Pedro Ríos cuenta que «vio cuando a Jíquima, el negro de Victoria de las Tunas, por pedir agua dos veces, el cabo Quintero, como en un tormento medieval, le llenó el vientre hasta ponérselo tenso, igual que un tambor, y se le subió encima, pisoteándole el estómago»
Pablo tampoco puede borrar de su mente el instrumento de tortura que sacaron de la propia mesa de trabajo del capitán Castells «Fue de pronto que me puse a pensar en la mordaza, en los dientes clavados en ella y en la sangre, ennegrecida por el tiempo»
Las historias y vivencias que se recogen en el libro Presidio Modelo tienen, como propósito fundamental, criticar abierta y directamente al régimen de terror y barbarie impuesto por Machado y toda su camarilla. Para Pablo, es el documento de acusación que nunca imaginó ver publicado en la Isla, por su contenido de denuncia tajante a los crímenes cometidos en Cuba. «Los recuerdo bien. Su aparición fue para mí como un mandato de mi mismo, y haré que la ignominia caiga sobre los asesinos. Es todo cuanto yo puedo hacer» 
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