Presidio Modelo I

Gracias -nuevamente- a mi amiga Danay Galletti Hernández puedo compartir hoy con ustedes este acercamiento a la obra de Pablo de la Torriente Brau, uno de los mayores exponentes del periodismo cubano  en un época donde la libertad de expresión en la isla sí era condenada con mano de hierro. 

Si quieres leer el texto íntegro de Presidio Modelo, el Centro Cultural Pablo d ela Torriente Brau lo tiene disponible para descargar en su web.

Los dejo con Danay, esperen la segunda parte la semana próxima:

El olor a muerte invadía las calles. La penuria y la desventura tejían redes en todos los hogares cubanos. Nadie recuerda un momento de sosiego desde que se instauró la República; unos porque sus riquezas se hallaban supeditadas a los cambios gubernamentales, otros porque cada nuevo mandato los empobrecía aun más. 
El año 1925 no fue diferente a los otros. Ascendió al poder Gerardo Machado con un programa político capaz de arrancar las lágrimas a los más escépticos. Pero no tardó mucho en demostrar que «agua, camino y escuelas» no iba a ser su precepto como presidente. La utilización sistemática del terrorismo, la violación de las más elementales normas de la democracia burguesa y una nefasta política económica  caracterizarían su mandato de casi una década.
Pablo de la Torriente Brau

Las clases desvalidas se percataron de que Machado representaba lo más reaccionario de la oligarquía nativa y del imperialismo norteamericano. Para desarticular la oposición, este mandatario, se valió de asesinatos, encarcelamientos y deportaciones a líderes obreros y estudiantiles.

La denuncia a los atropellos y vejámenes cometidos en este período constituye el tema central de la obra Presidio Modelo.  Su autor Pablo de la Torriente Brau elabora un análisis minucioso de la situación en esta cárcel de Isla de Pinos, a partir de sus propias vivencias y de la investigación hecha durante y después de su prisión en ese sitio, entre 1931 y 1933.  Presidio Modelo es el libro testimonio que Pablo terminó de preparar en su exilio de New York, dos años más tarde.
Conchita Fernández, la secretaria de la República, recuerda a Pablo como un hombre «escandaloso, bromista, abierto, sin mucho tiempo para pensar, sino escribiendo, diciendo y haciendo todo a la vez (…) con un carácter espléndido y ciclónico y una personalidad culta» Por su parte, su amigo entrañable, Raúl Roa no olvidó al joven «atlético, espontáneo, talentudo, vibrátil y alegre mozo».
«El deportista, el escritor y el cuentero creció y maduró intelectual y políticamente, y se convirtió en un periodista excepcional y en un revolucionario de ideas muy claras». Estas palabras de Conchita se evidencian en el hombre tras la pluma que escribió el texto antes mencionado.
El Pablo niño es quien nos comienza  a hablar. La visión y los recuerdos del infante se imponen. Relata un suceso acaecido tiempo atrás que le brinda los primeros conocimientos sobre el Presidio. La clase en que el maestro les refirió sobre ese sitio, ayudó también a formarle una noción de aquella espeluznante cárcel «nos contó como vivían los pobres presos, aguijoneados como bueyes, sucios, hambrientos, olvidados… Y nos dijo también que era terrible ir a Presidio, todo por no tener calma; por dejarse arrebatar por la cólera y por los malos sentimientos (…)»
Años después él conocería en carne propia las condiciones de vida en «ese estercolero de la sociedad». ¿Las causas del arribo?, «criticar y combatir las injusticias y los horrores del mundo libre».
El 30 de septiembre de 1930 ocurrió una manifestación estudiantil y popular en contra del machadato. Los estudiantes de la Facultad de Derecho acordaron rendirle tributo en un acto público a Enrique José Varona, por el 50 aniversario de su primera lección de filosofía y por su frontal actitud contra el gobierno. A esta iniciativa se sumaron estudiantes de otras carreras y pueblo en general.
El enfrentamiento con los policías y soldados que rodearon la Universidad produjo pérdidas insustituibles como la del joven Rafael Trejo. Pablo cayó herido. Después de todos estos sucesos y con Trejo como bandera se revitalizó el movimiento estudiantil. El Gobierno clausuró la Universidad, declaró la censura de prensa y en enero de 1931 encarcelan a Pablo en una redada por el Vedado, sin que se supiera por cuanto tiempo.
En el Castillo del Príncipe, sitio para donde lo llevaron, se declaró en huelga de hambre. Allí también estaba Acosta «un negrito vendedor de periódicos que había caído preso esa tarde por pregonar: ¡Tiranos en la Cámara… de Chile!» Esto último demuestra la persecución desmedida que sufrían los sospechosos de conspirar contra el presidente y la vigilancia constante para atrapar in fraganti a quienes dijesen algo contrario a sus doctrinas. «Y así pasamos aquella tarde y aquella noche, como todas, los presos políticos encerrados en el Castillo del Príncipe, algunos desde hacía más de dos meses ya, por nuestra actividades contra el régimen de Machado»
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