Salamanca

Verano 2011

5 horas en carretera desde Sevilla por la vía de la Plata, culminaron en una gran ciudad de España, que a medias había oído, créanme que no por falta de fama. Y es que Salamanca está en el mapa del mundo mucho antes de ser descubierta Las Américas.


Precisamente en esta ciudad se estudio las por entonces “locuras” del marino italiano, Cristóbal Colón, quien pretendía llegar a las Indias por una ruta diametralmente opuesta a las conocidas. Fue en la Universidad Pontificia de Salamanca donde llegaron a la conclusión del error en una época con un mundo plano. ¿Y si se caía después del mar?

Hoy a años de aquel suceso, y gracias al “loco” de Cristóbal Colón descubierta Las Américas, pude pasearme por Salamanca y disfrutar de algo de aquellos tiempos de descubrimientos, reyes y poderío de la Iglesia. En sus calles se ve la presencia de hombres y mujeres que han hecho historia y de otros que continúan haciéndola, desde nuestros pequeños papeles.

A Salamanca la vi un poco descolorida al principio, las fachadas de sus edificios sin pinturas y colorines como otras ciudades, me sonaron extraña. Soy preso de los estándares sociales y si no veo por lo menos cal en una pared, pienso que la obra no está terminada.

Pero, para nada Salamanca carece de color. La riqueza de sus piedras da a cada uno de sus edificios el contraste y el brillo propio de lo natural. Cuánto nos quejamos de las mujeres con maquillaje y cuando vemos una sin pizca nos suena de otro planeta. Salamanca es bella y original.

Sus calles estrechas del centro, donde convergen todos los habitantes y foráneos, está coronada por más de una iglesia con siglos de historia y como piedras preciosas la Catedral y la Universidad Pontificia de Salamanca.

Con  decorados más allá de los límites humanos, y es que uno no se explica cómo pudieron construir a tal altura y perfección, la Catedral es sitio preferido de todos. Las columnas que sujetan su cúpula, parecen hechas por el mismo Dios. Tantos años en pie y aún continúan siendo testigo del paso del tiempo.

De la Universidad Pontificia aún busco la rana sobre la calavera que supuestamente estaba en la entrada. Por poco cojo tortícolis mirando arriba y la archiconocida rana, símbolo de la ciudad de Salamanca, no aparecía por ningún sitio. Aunque bueno en mi mente recordaba aquellas buenas ancas de ranas que probé una vez.

Salamanca fue maravillosa, solo la vi un día y su noche, pero me gustó lo suficiente como para volver algún día.

Su gente, sus tapas en la calle Van Dyck, la buena vibra en el entorno y el hecho de encontrar en cada ángulo de la mirada un monumento arquitectónico, no me hacen dudar de otra visita. Nos veremos Salamanca, a ver si encuentro la rana.

1 Comment

  1. A.Y.: si sigues publicando así, dentro de poco, en vez de darme comida cuando tenga hambre, me tendrán que dar, como alimento, fotos de tu blog…son muy buenas!!!

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