Sentado en el andén

Sevilla
Plaza de Armas, terminal de ómnibus
un sábado cualquiera de este 2011

De vuelta a las afueras de Sevilla, mientras esperaba el bus, miles de imágenes pasaban delante de mí, imposibles de atrapar con una cámara porque van más allá del solo hecho de ver. De la vida, solo atrapamos, pequeños instantes, incompletos y a veces vacíos.

En el altavoz resonaba una voz que repetía la imposibilidad de fumar en el andén, pero más de uno disfrutaba de llenar sus pulmones y los de los demás de humos, sin el mínimo índice de estar incumpliendo la norma. Ajustarse a la patrón, al parecer no forma parte de la vida.

Frente al bus con destino a Madrid toda una familia despedía a la abuela, tal vez después de una semana compartiendo aquí en Sevilla. El pequeño ni cuenta se daba, andaba como un animal libre por todo el andén sin reparar en peligros. Detrás la madre como una loca. Así suelen estar algunas la vida entera.

Junto a una amiga, la chica espera al novio con el corazón en la mano. Otra despide al suyo, sin saber cuándo lo volverá a ver. Las distancias se incrementan más allá de los kilómetros reales o bien se reducen. Todo depende del amor y la fe que tengamos en nuestra pareja.

Corre, corren, corriendo están todos porque se les va el bus y ya pasan las 9 de la noche sevillana. Maletas en manos, cascos en los oídos, vista adelante, el mundo a nuestro alrededor no importa, se nos va la vida en nuestras cosas y cuántas vidas ajenas nos pasan por al lado.

De a solas, de a dos o en grupo se unen las conocidas para matar el tiempo. Una gusta oír la radio en casa para sentirse acompañada, incluso le gustaría ser como nuestra generación para tener un ser a su lado. Pero, no puede, ya le basta con los avances tecnológicos, no por gusto sigue prefiriendo su radio de siempre…

Llega el bus, me levanto de mi asiento y ya no importa nada a mi alrededor, mi objetivo es solo uno: llegar a casa que estoy cansado. Comienzan a pasar más gente cerca de mí, no conozco a ninguna, muchos van dispuestos a juntar la noche con la mañana.

Su día acaba de empezar, el mío acaba, aunque estas palabras se hayan dicho por alguien más o simplemente surjan en mi mente sentado en el andén.
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