Vivir cada etapa

Tengo el placer de presentarles a mi mamá en este blog. Los que me siguen sabrán algo de ella, pero esta vez viene como colaboradora. Mañana cumple 46 años y ya pasó un curso para enfrentar la VEJEZ.

Con esa edad muchos se consideran jóvenes y ella lo es, claro está, pero siempre es bueno saber delimitar las aristas de la vida y vivir cada una como se debe. Gracias a la lectura de dos artículos –“Ya eres temba” y “Ser mayor o ser viejo”-, hizo estas reflexiones, espero les gusten tanto como a mí.

En el escrito “Ya eres temba”, de una forma jocosa nos muestran la forma de conocer y revivir a la misma vez épocas pasadas y adentrarnos en la “ADULTEZ”, etapa de los 30 a los 60 años, donde se comienzan a manifestar procesos de envejecimiento, como son:
      el climaterio, la menopausia y la andropausia en el caso de los hombres.
      cambios en la imagen corporal.
      cambios en el sistema óseo.

Todas estas transformacionales generan crisis y conflictos, sobre todo psicológicos, familiares, con nuestros vecinos y hasta con los compañeros de trabajo. En particular, en aquellas personas que no quieren aceptar la llegada de los años, se quitan la edad y no se visten acorde a esta etapa de sus vidas.

Al recordar cosas vividas como la escuela al campo, las salidas a teatros, cines, la heladería Coppelia y la compra de nuestros zapatos de “Primor”, vemos el camino recorrido y por el que debemos dar “Gracias a la vida”, diría Mercedes Sosa, por llegar a esta etapa donde se compensan esos tiempos pasados, con la oportunidad y la alegría de ver crecer a nuestros hijos como personas, educarse y formar ellos también su propio hogar. Es el momento de ayudar a nuestros padres y pagar con el mismo amor y cariño que nos educaron con su sabia guía.

En el segundo escrito “Ser mayor o ser viejo”, se representa la etapa de la “Tercera edad”, de los 60 años en lo adelante. La aceptación  de la edad es otra crisis también presente en esta etapa, y no debería ser así, pues es muy bonita. Hay que vivir a plenitud su llegada, disfrutar del día a día, aprender a convivir con nuestras limitaciones como son:
  Aumento de: las canas, las arrugas , la piel laxa, las pecas y manchas seniles, curvatura de la espalda y grasa corporal.
      Disminución de: la masa muscular, del agua corporal, de la velocidad en la marcha.

Para afrontar esta etapa  debemos saber que: “ser ancianos”, no es una enfermedad.  Es un logro haber llegado y transitado por toda una vida. Lo primero que nos debemos es el aprecio a nosotros mismos, tratar de educar a nuestros hijos con el debido amor, cariño y respeto a sus mayores.

En las universidades, en particular en la Escuela Latinoamericana (ELAM), vemos como los profesores “Consultantes” son un símbolo de amor a la vida, de lucha y sacrificios, ejemplos del buen hacer, pues a pesar de los años transcurridos siguen enseñando a las nuevas generaciones. Llegue a ellos con este pequeño escrito nuestra admiración, cariño y respeto de una adulta próxima a cumplir los 46 años.

Pienso que debemos sentirnos halagados y renovarnos cada día, cuando logramos despertar y ver el bello amanecer, la salida del sol, nuestros hijos y nietos crecer; en fin la vida que continúa y la posibilidad de enseñar a los nuevos pinos para que en un futuro aprendan a disfrutar cada etapa de su vida, sin prejuicios y con mucho amor en el corazón.

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