Volver a leer

Hace casi dos años que no tomaba en mis manos un libro, uno de los buenos… a base de pequeños escritos, la mayoría digitales, no creo llegar a la profundidad de un texto impreso en papel y con más de cien páginas. 
El último que traté de leer y aún lo tengo a medias fue La Catedral del Mar, sus más de 400 páginas han sido infranqueables para mí. La culpa la tengo yo, claramente, por ser hijo de mi tiempo y conformarme con películas, series, videojuegos e Internet. 
Me debería dar vergüenza decir que no leo hace tanto, pero no es así… hace poco volví a leer y la necesidad de seguir haciéndolo sigue conmigo. No fue preciso que nadie me dijera lo importante de la lectura, la buena influencia para el vocabulario o como dice Buena Fe en una de sus canciones “viajo sin pasaporte a través de mis libros”. 
Volví a caer por convicción propia. 
Gabriel García Márquez se lleva siempre el mérito por despertar mis ansias de polilla. Después de los libros de aventura en la secundaria, fue él quien me acercó a una literatura rica en descripciones, pero no impertinentes hasta dormirte y cerrar el libro una y otra noche, como se hace con otros autores. 
Cien Años de Soledad, El Amor en los tiempos del cólera –sin dudas mucho mejor el libro que la película, aunque también la guardo entre mis tesoros- y ahora Memorias de mis putas tristes han sido las responsables directas de mis momentos más gozosos con la literatura. 
Cualquiera que se haya leído uno de esos libros, pensará que lo de gozoso viene por la recurrente referencia al sexo, pero ese hecho solo es una pizca de excelencia de los libros del Gabo. Su archiconocido “realismo mágico”, movimiento del que ha sido exponente desde el principio y que lo llevó al Premio Nobel de Literatura en 1982, da desde el nombre la magia de sus libros. 
Aunque no creo equivocarme, el realismo mágico ha sido uno de los mayores exponentes de la literatura latinoamericana reciente. Después de mirar mucho a Europa, los hombres y mujeres de Hispanoamérica encontraron en esta manera de escribir su expresión propia. 
Según Wikipedia, “El realismo mágico es un género metalingüístico y literario de mediados del siglo XX. El término fue inicialmente usado por un crítico de arte, el alemán Franz Roh, para describir una pintura que demostraba una realidad alterada. El término llegó a nuestra lengua con la traducción en 1925 del libro Realismo mágico (Revista de Occidente, 1925), fue en gran medida influenciado por las obras surrealistas de la escritora chilena Maria Luisa Bombal pero más tarde en 1947, fue introducido a la literatura hispanoamericana por Arturo Úslar Pietri en su ensayo El cuento venezolano.” 
Para dicha de los cubanos, uno de los nuestros, Alejo Carpentier tuvo mucho que ver en esta avalancha de buena literatura salida desde América. Cada escritor con su manera de escribir, unos más densos, otros de fácil lectura, todos dándose cuenta que el continente seguía con la misma magia del Nuevo Mundo. 
Tal vez la nostalgia del que está fuera de su territorio, tenga también mucho de culpa en este reencuentro con la lectura. No obstante, me gustaría leer mucho más, del Nuevo y Viejo Mundo, más y mejor, quizás algún día pueda hacer yo mis incursiones en la literatura. 
Mientras tanto, seguiré leyendo y blogueando…

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