Los padres que me tocaron

Si un 26 de agosto de 1984 dos seres no hubieran aceptado ser novios, las cosas hoy serían distintas… Si un 27 de junio de 1986 esas mismas personas no se hubieran dado el Sí, acepto en una ceremonia civil en Cuba, hoy yo no estaría redactando estas líneas.
Ya sabrán de quiénes les hablo, porque todos tenemos unos padres maravillosos que gracias a su historia, hoy construimos la nuestra aunque sea lejos de su regazo o ellos estén en otra vida. Los míos están celebrando hoy juntos sus bodas de platas para alegría de sus hijos y amigos.
Con solo 22 años dieron el Sí definitivo, impulsados por una situación lamentable, pero seguros de que unidos la realidad sería distinta… A veces la ida de alguien tan querido, como fue mi abuela, obliga a otros a enfrentar responsabilidades desde una postura más madura.
Mi madre ha sido mía, de mis hermanos, de mi tía y de mi abuelo… de este último un tanto difícil, pero ella siempre es la que recompone la vida de todos, aunque eso signifique callar su sufrimiento para que otros seamos felices.
Su amor, a veces muy baboso, hoy me sostiene aún cuando nos separa un Océano inmenso, pero la siento cerca, la sé feliz. No obstante, en más de una ocasión me recuerda que siempre estará con los brazos abiertos para mí.
Mi padre, a veces un tanto seco, con la distancia se ha ablandado y ya no le cuesta tanto decirme cuánto me quiere. A mí también me costaba cuando estaba en Cuba, así que es un mal común de los hombres… El respeto que siempre me ha inspirado no puedo expresarlo en palabras.
Alguien que abandonó a su familia en Cárdenas, Matanzas para irse a vivir con el amor de su vida en un pueblito de la antigua Habana –hoy Artemisa-, tiene que tener el corazón más grande del mundo. Tanto así que no le cueste desgarrarse por su hijo, su madre o su abuelo…
Los dos, desde hace muchos años uno, siguen siendo el ideal de pareja: siempre felices, fiesteros, con sus desentendidos de vez en cuando –algo normal-, con muestras de cariño para sus hijos y familia que los queremos muchos, y entendemos todo cuánto han hecho por cada uno de nosotros.
Hoy soy lo que soy gracias a ellos, Bárbara Adelina Pulido García y Alberto Luis Arego Pulido… los padres que me tocaron sí, pero que no cambiaría por ninguno. Los quiero, felicidades

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