Verano… en Chipiona

Desde hoy comienza oficialmente el verano en el hemisferio Norte y por tanto en territorio español. Como pueden imaginar lo primero que nos viene a la mente es playa y descanso. A mí la primera no me hace mucho swing, solo a partir de las 6 de la tarde creo que se disfruta más del Sol, la segunda idea me gusta más, aunque descansado estoy hace unos meses.

He vivido casi toda mi vida en Cuba donde ni por enterados nos damos de los cambios de estaciones: calor o frío, ahí se quedan las posibilidades climáticas del Caribe. Por eso me resulta curioso sentir el otoño, el invierno, la primavera y el verano en todos sus matices.

El pasado fin de semana me adelanté al verano y fui a la playa en Chipiona, un pueblo de la provincia de Cádiz donde se respira el aire fresco del Mar Mediterráneo. Digan lo que digan, la cercanía del mar da a los sitios un toque diferente a las demás ciudades.

Lo sentía en La Habana, donde la fiesta y el baile nos viene por las venas a los habaneros y a todos los cubanos. En Chipiona se veía igual, aunque igual me recordaba a Varadero o mi pueblo Playa Baracoa. La sencillez de la gente, el nivel de libertad que te otorga la inminencia de las aguas, estaba presente en ese municipio de Cádiz.

Cuando entraba al pueblo lo primero que me dicen es que la cantante Rocío Jurado vivió allí. De hecho su casa está llena de escritos en las paredes con reclamos como “¿Por qué te fuiste Rocío?” Muchos eran los que tiraban fotos a la vivienda, pero yo se las debo.

Si algo me impactó de Chipiona es que la Virgen de Regla, una de las vírgenes negra de la religión católica, según me dicen salió de ahí. En Cuba hay un municipio de La Habana que lleva ese nombre, Regla, y no pude dejar de pensar la visita que le debía a esa patrona y en algunas amigas de gran devoción hacia ella.

Faro, playa, casas, hoteles, bulevar, a Chipiona solo le falta el malecón para ser La Habana. Aunque ya he oído de más de uno que Cádiz y la Habana son muy parecidas, un día de estos le hago la visita.

Supongo que sí, porque en Chipiona encontré una exposición del Carnaval y se veía la gente tan bullanguera como las de Cuba. Si bien del otro lado del Atlántico la mulatas despampanantes toman las calles para deleite de todos, aquí hasta el más pinto se veía con un disfraz en plena avenida.

Por Chipiona caminé como quien camina por un sitio conocido, pero sin saber a dónde iba, o qué estaba buscando. A veces uno se siente perdido, pero seguro. Acostumbrado a caminar por la capital de Cuba y cuando estaba desorientado coger mi malecón, ahí me pasó lo mismo. Será la presencia del mar que nunca te deja desorientarte.  

Este verano espero volver otro día a Chipiona, seguro lo disfrutaré más… me encantó el sabor de la playa y son muchos los días de calor que nos esperan en España -93 días y 15 horas para ser exactos-, así que un buen chapuzón de vez en cuando viene como anillo al dedo. Y si no me crees, pásate un día por Sevilla…
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