La mirada de la India III

Las diferencias culturales, de costumbres, las razones a la hora de ordenar la vida son profundamente curiosas. Recuerdo especialmente el diálogo mantenido con nuestros guías sobre el matrimonio. Cada hombre suele tener desde pequeño un amigo íntimo, más cercano que ningún otro, y con él crece y tiene una relación de hermano, de tal forma que por la calle van de la mano o abrazados. Esta misma costumbre observé en Turquía, donde me impresionó por toda una gran avenida, moderna, donde se situaba la Catedral Católica, una riada de hombres, de todas las edades, paseando cogidos de la mano.

Cuando llega el momento del matrimonio, tus padres, junto con ese amigo del alma, te buscan la esposa, a no ser que ya esté apalabrado el matrimonio desde pequeños, que puede pasar. La sabiduría de esta búsqueda está en que nadie puede conocerte mejor que tus padres y tu amigo, tú les explicas el tipo de mujer con el que quieres casarte, y así ellos inician la búsqueda. Tradicionalmente el novio y la novia se conocen el día de su matrimonio, pero cuando ya está todo apalabrado se intercambian fotos, se ven a escondidas, y se puede rechazar, pero no se suele hacer. No sabemos hasta qué punto la mujer podrá intervenir en estas decisiones, pero podemos imaginarlo.

¿Qué éxito tienen estas relaciones? Casi todas perduran en el tiempo, no se rompen, quizás porque el divorcio supone un gasto económico que aquí es insoportable. De esta forma era difícil ver pasear a parejas de novios.

India de contrastes y millones de personas, coches abarrotados, camiones de transporte con personas encima de la mercancía, motos con tres y cuatro personas sobre ellas, autobuses insufribles y carreteras interminables. India llena de fe, donde surgen por todos sitios pequeños templos donde hacer una parada de oración, y grandes construcciones con una liturgia bella y misteriosa, donde es fácil ver reflejados muchos de nuestros ritos.

Ir a la India es un riesgo para el corazón, no te quedas igual, te impresiona el dolor y la fuerza de la gente, impresiona la belleza y la capacidad de los indios. Deseo lo mejor para esa gran nación, que el espíritu de Ghandi, y el amor de Madre Teresa de Calcuta sigan siendo referentes de cambio para unos hombres y mujeres que pueden aportar al mundo una forma distinta de ser, de vivir, de ordenar la sociedad. Dios salve a la India.


Hasta aquí esta mirada a la gran nación de la India, quisiera decir, pero yo aún no he ido, algún día haré el viaje y podré ver en carne propia cuánto me han dicho y mucho más imposible de plasmar en palabras . Gracias a este amigo mío estuvimos recorriendo en tres partes la India, nos vemos…

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