Bienvenidos a… Japón

“En este año de 2011, donde Japón se ha convertido, tristemente, en uno de los países más populares y conocidos, cabe un recordatorio para ese país cuya singularidad nos atrae y sorprende cuanto menos. Esta no es una mera descripción de qué ver en este país, puesto que no le haría justicia, esta es la descripción de un viaje…lo que hemos ido contando a los amigos que nos han preguntado por el viaje a Japón que realizamos tres amigos y yo allá por Julio del año pasado.”
Así comienza Sara Contreras, otra amiga de Facebook que me ha cedido sus memorias e impresiones de ese Japón sin terremoto, tsunami y peligro nuclear que vemos hoy en las noticias. Quisiera puntualizar que no solo es amiga de Facebook, si no una de las buenas amistades que he encontrado aquí en Sevilla. Toda esta semana les traeré un relato de las aventuras de Sara en el país nipón, suena a película, jejeje… pero es cien por ciento real. Espero que lo disfruten
Y dice Sara:
En primer lugar, he de poner en antecedentes: la perspectiva desde la cual se relata el viaje es de una española, con todo el bagaje cultural que le acompaña que se “enganchó” al viaje una semana después que sus amigos, tras muchos días de estrés laboral y mucho cansancio…
Cuando la azafata anuncia que el avión aterrizará pronto en Tokio uno tiene la vaga sensación de que se va a encontrar una cultura diferente y se prepara para ello, expectante, curioso y, dependiendo de la valentía de cada uno, moderadamente decidido.
Toda sensación de triunfo desaparece cuando uno se encuentra ante un aeropuerto como otro cualquiera lleno de letras incomprensibles y da gracias por los idiomas internacionales…aunque no sea el suyo.
La diferencia con un aeropuerto del resto del mundo reside en que en una de éstas en las que uno recorre el pasillo para desaparecer de allí lo antes posible – un pasillo que ha elegido casi al azar- descubre, cariacontecido, un sitio para ducharse.
Y así comienza la aventura japonesa.
El viajero descubre –así, tan pronto- que hay dos civilizaciones en lucha en Japón: la tradicional y la tecnológica, influidas por la cultura occidental a la que los japoneses parecen adorar…a la vez que odiar.
Ésa será la sensación durante todo el viaje del turista occidental.
Salir de allí a través del metro da pavor, ya que uno se enfrenta a una intrincada red de líneas, es necesaria la ayuda de alguien para orientarse: en el caso de esta viajera fue que sus amigos le indicaron qué línea debía coger y en qué estación debía parar ( en este caso, la estación de Ueno, donde se encuentra uno de los parques más famosos de la ciudad).
Una se pregunta…¿y por qué no vienen a por mí?
Pero es sólo una pregunta que surge de la ignorancia de las distancias de una ciudad como Tokio. Pase lo que pase y vaya adonde vaya…siempre estará a 1 hora del lugar en el que uno se encuentra.
Si uno va con la ilusión de organizarse toda una mañana de tour turístico por la ciudad, sólo podrá hacerlo cuando consiga entender bien la intricada red de comunicaciones que recorre Tokio.
Tokio posee dos líneas de trenes que recorren la ciudad, y el resto del país, además de varias líneas de metro. Algunas pertenecen a la línea del Metro de Tokio y otras tantas pertenecen a líneas privadas, explotadas independientemente. Lo que genera un caos de billetes y estaciones que, si uno lo sabe al aterrizar el avión, se lo piensa dos veces antes de desembarcar.
Afortunadamente, el tiempo de adaptación y conocimiento –básico, por supuesto- de la ciudad de Tokio, se sucede tras dos o tres días de dar vueltas por ella. Primero, pudiendo visitar sólo un lugar y, al final, dos e incluso tres en una misma mañana.
Sólo se consigue con perseverancia, con ganas de no renunciar, pensando: he viajado hasta aquí durante 24 horas, quién sabe cuándo volveré, ¿alguien invitó a cansancio a la fiesta? Y uno se olvida de que existe algo parecido al agotamiento, a pesar de ser julio, a pesar de hacer calor, a pesar de estar sudado y sentir que se está convirtiendo en un charquito estancado a pasar mucho tiempo parado.
Porque…no es que los japoneses no quieran ayudar, no, tratan de hacerlo, son muy educados y correctos, pero…la comunicación es prácticamente imposible. Miran al viajero occidental a veces incluso con simpatía, otras con desprecio (un mero gaijin, como alguna vez captamos en un hostelero en Okinawa al hablar con su jefe) y otras…bueno, otras ni miran. Esta turista española, que pensaba que en su país el inglés brillaba por su ausencia, descubrió que en Japón el inglés es más desconocido aún, y cualquier otro idioma que no sea el japonés. A pesar de que la mitad de los anuncios están escritos en ese idioma. Es algo curioso que llama la atención.
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