Ciberactivismo: lucha social en Internet

Con este mismo nombre me encontré un excelente trabajo en la revista cristiana 21. Fue toda una sorpresa leer un artículo que aterrizaba cien por ciento en la realidad del papel de Internet en el Medio Oriente y otros casos de activismo digital como Wikileaks y ONG.

Gracias a la revista 21  por permitirme publicar este trabajo de su No 941 de Marzo 2011. Queden pues con estas reflexiones del periodista y responsable de campaña en Amnistía Internacional – Sección Española, Juan Ignacio Cortés Carrasbal.



Ciberactivismo: Lucha social en Internet

El mundo está cambiando rápidamente. No es ningún secreto. Uno de los motores de dicho cambio son las nuevas tecnologías. Especialmente, Internet, con todas sus amenazas y oportunidades. Oportunidades también de lucha por un mundo más justo, cuya mecha está prendiendo en la Red.

por Juan Ignacio Cortés Carrasbal

Durante los últimos meses, Internet, la Red de Redes, ha tenido un papel muy destacado en las portadas de todos los periódicos. Wikileaks, el colectivo de hackers (piratas o activistas informáticos) conocido como Anonymous, la incidencia de redes sociales como Facebook y Twitter en las revoluciones ciudadanas de Túnez y Egipto son sólo algunos ejemplos. La Red está cada vez más presente en muchos aspectos de nuestras vidas. Y abre nuevas oportunidades para la lucha social, para la movilización ciudadana y la demanda de un mundo más justo.

¿ Facebookrevoluciones?

El 17 de diciembre de 2010, Mohamed Bouazizi se inmola en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid. Es un joven en paro de 26 años que vende frutas y verduras para sobrevivir, y que se quema a lo bonzo cuando la policía le requisa las escasas mercancías de su puesto.

Bouazizi muere en el hospital el 5 de enero. Pero su muerte no es en vano, pues la bandera del cambio democrático se levanta no sólo en su país, sino en todo el mundo árabe. Las revoluciones ya consumadas de Túnez y Egipto y las protestas que se extienden por todo Oriente Medio ponen el foco sobre la juventud árabe. Una juventud sometida al rigor del desempleo y la economía informal, a la falta de libertad política y la consecuente falta de expectativas de cambio. Una juventud acostumbrada, por otra parte, al uso de las nuevas tecnologías. De usar los cibercafés para flirtear a través del chat o de las redes sociales, pasan a usarlos para reclamar libertad y dignidad. Y ponen en serios aprietos a los sátrapas que los gobiernan, a menudo desde hace demasiado tiempo.

El papel de la Red en los aires de fronda que vive el mundo árabe es evidente. Prueba de ello es que el régimen egipcio, en un desesperado intento por forzar su supervivencia, apagó Internet. El mismo truco está intentando emplear Gadafi en Libia. También lo prueban la presencia en el Gobierno tunecino de unidad nacional del conocido bloguero Slim Amamou. En Egipto, Wael Ghonim, Jefe de Marketing de Google para Oriente Medio y el Norte de África y administrador exanónimo del grupo de Facebook Todos somos Jalid Said, se ha convertido en uno de los representantes del movimiento ciudadano con el que el ejército, provisionalmente en el poder, dialoga.

Las filtraciones de Assange.

Julian Assange era un nombre que no nos decía nada hasta hace unos pocos meses. Él y su gente habían diseñado un mecanismo informático que permitía hacer llegar a Wikileaks documentos confidenciales garantizando un total anonimato. Desde 2006, su página había ofrecido revelaciones verdaderamente espectaculares sobre cuestiones como la Iglesia de la Cienciología o el mundo de los negocios y la banca.

En abril de ‘2010 el nombre de Assange y de su página web sale por primera vez del círculo de los iniciados. En esa fecha, Wikileaks difunde el vídeo Asesinato colateral. En él se ve cómo dos helicópteros norteamericanos acaban en Bagdad con la vida de un grupo de civiles desarmados. En julio de ‘2010 filtra más de 75.000 documentos clasificados sobre el conflicto de Afganistán. En ellos se detallan numerosos casos de muertes de civiles. En octubre de ‘2010, Wikileaks filtra a la prensa casi 400.000 documentos clasificados sobre la guerra de Irak. En ellos se hace palpable el extenso uso de la tortura y el elevado número de víctimas civiles debidas al ejército de ocupación estadounidense. El póker se completa a finales de noviembre, con las revelaciones contenidas en ‘250.000 cables diplomáticos norteamericanos.

Estados Unidos acusa a Assange de terrorista informático. El australiano es detenido en Inglaterra por una controvertida acusación de violencia sexual proveniente de Suecia. Servidores informáticos se niegan a seguir acogiendo el portal de Wikileaks e importantes empresas financieras como Paypal, Visa o Mastercard deniegan la posibilidad de que la web fundada por Assange reciba donaciones a través de ellos. Assange afirma que su web defiende la libertad de opinión, la transparencia y, en última instancia, la democracia.

Anonymous.

Aquí entra en escena otro de nuestros protagonistas: el colectivo de hackers y ciberactivistas Anonymous, de carácter transnacional, sin líderes ni portavoces, cuyo lema es “Somos una legión, no perdonamos, no olvidamos, espéranos”. Al igual que Wikileaks, venían actuando desde hace años, pero sólo en los últimos meses han pasado a formar parte de nuestro imaginario colectivo.

Sus miembros se toman como una afrenta personal la persecución contra Assange y usan su principal arma, los ataques de denegación de servicio (DDOS, en siglas inglesas) para intentar tumbar las páginas de las empresas e instituciones que están poniendo en aprietos a Wikileaks. Los DDOS consisten en entrar en masa en una determinada página de la Red hasta que ésta no puede atender todas las demandas y se colapsa.

A raíz de este ascenso al estrellato, las acciones de Anonymous obtienen mucha repercusión en los medios generalistas. En España atacan las páginas de la SGAE y de los partidos políticos que dan su apoyo a la Ley Sinde. Fuera de nuestro país, tumban las páginas oficiales del régimen tunecino durante la revuelta.

Es muy difícil hablar de Anonymous. Es un colectivo de contornos difusos. Tanto en lo que se refiere a sus miembros como a sus ideales. Según Joseba Elola, periodista de El País, “Todo apunta a que sus miembros consideran más que superada la vieja dialéctica izquierda-derecha”. La única bandera que enarbolan son unos principios ideológicos tan poco claros como los que en algún momento ha defendido Assange: “Me gusta crujir a los bastardos”.

ONG en la red.

Los casos de Wikileaks, Anonymous y las revueltas/revoluciones en Oriente Medio son, sin duda, especiales. Pero también hay espacio para el ciberactivismo en la vida cotidiana. Así lo entienden tanto ONG tradicionales como nuevos movimientos de ciberactivistas no vinculados a una causa concreta.

Para las ONG tradicionales, su presencia en la Red se ha vuelto una herramienta indispensable. Ricardo Magán, coordinador de movilización social en el Departamento de Campañas y Estudios de Intermón Oxfam, asegura que “la expresión digital de lo que somos y lo que hacemos es una prioridad para Intermón Oxfam”.

Así, Intermón no se limita a dar a conocer campañas en la Red, sino que tiene una presencia activa en redes sociales y apuesta por la creación de contenidos lo más específico posibles: blogs temáticos, chats, comunidades en torno a un tema o una campaña concreta. También es un lugar para recaudar fondos. En este sentido, Magán explica que sus acciones en la Red “habitualmente suponen una combinación de varios objetivos. La movilización y la captación de fondos económicos no se entienden bien sin la información previa o sin una rendición de cuentas”.



Edurne Rubio, responsable de captación de socios y ciberactivismo en el Departamento de Recursos de la Sección Española de Amnistía Internacional se expresa en términos parecidos. Los mensajes que Amnistía España difunde a través de la Red se pueden dividir en tres tipos: relaciones con los socios y simpatizantes (tanto administrativas como de convocatoria a actos promovidos o respaldados por Al), peticiones de apoyo económico y acciones de apoyo a causas concretas (firmas de cartas de protesta contra violaciones de derechos humanos y mensajes de apoyo a organizaciones de derechos humanos).

Según explica Rubio, es muy importante para la organización que todos estos mensajes vayan acompañados de información. Una información que cumpla los requisitos de rigor habituales en Amnistía Internacional y que, al mismo tiempo, esté adaptada a las características del lenguaje de la Red: extrema concisión y claridad, acompañamiento de imágenes, interactividad.

“La Red es ya un mecanismo consolidado tanto de movilización como de captación de fondos”, asegura Rubio. Un sitio en el que las ONG de larga tradición como Amnistía o Intermón están y van a seguir estando. “No sabemos cómo será nuestra presencia en la Red, porque la Red se desarrolla y se transforma de manera muy rápida, pero sabemos que estaremos en ella”.

Iniciativas ciberciudadanas.

Junto a la presencia en la Red de organizaciones ciudadanas veteranas, los últimos años han visto surgir organizaciones ciudadanas basadas preferentemente o de forma casi exclusiva en Internet. A nivel internacional, Avaaz es una de las más conocidas. Fundada en 2007, al principio centró sus acciones en torno al cambio climático. Luego, ha ampliado su radio de acción a la lucha por los derechos humanos y la democracia y en contra de la pobreza y la corrupción.

Avaaz, que significa voz en diversos idiomas indoeuropeos, cuenta con siete millones de miembros en todo el mundo. Una cifra que hay que poner un poco en cuestión, pues consideran miembro de la organización a todo el que firma alguna de sus peticiones. No tiene sede y sus directivos, trabajadores y voluntarios usan como elementos principales de trabajo las nuevas tecnologías de la información. Se financia exclusivamente de las donaciones.

Luis Moraga es el director de campañas de Avaaz. Según él, el objetivo de Avaaz es “movilizar a los ciudadanos para cerrar la brecha entre el mundo que tenemos y el mundo que la mayoría de la gente quiere”. Más allá de ese principio general, Avaaz funciona sin grandes concreciones ideológicas.

Al igual que Avaaz, Actuable es una organización especializada en ciberactivismo, pero dirigida únicamente a la ciudadanía española. Su fundador y director ejecutivo es Francisco Polo, un activista social muy vinculado a Internet desde hace más de 1 O años. En 2007, cuenta, él y otros blogueros contribuyeron significativamente a la campaña en contra de las bombas de racimo, que obtuvo el compromiso del Gobierno español de prohibir su fabricación.

Este éxito llevó a Polo a una reflexión sobre ‘la necesidad de poner a disposición de cualquier persona u organización social una plataforma en la que sumar fuerzas para cambiar las cosas”.

En teoría, cualquier miembro registrado en Actuable puede entrar en la página y formular su petición o su reto (conseguir reunir una determinada cantidad de firmas o de dinero o de gente para una causa) en apoyo de objetivos ciudadanos relacionados con la transparencia, el medio ambiente, los derechos, la infancia, la protección social, la pobreza y el desarrollo o la salud y el consumo.

En este sentido, a su dimensión empresarial, Actuable une también una dimensión de comunidad. “Una comunidad online de personas y organizaciones que unen esfuerzos para transformar el mundo diciéndole a gobiernos, empresas y otros actores importantes de nuestra sociedad qué cambios queremos”.

¿ Un nuevo activismo?

Luis Morago, de Avaaz, está convencido de que ciberactivismo y actvismo tradicional son complementarios. “La tecnología por sí misma no genera cambios. Se necesita la energía de la gente y una visión estratégica. Los conocimientos que han ido atesorando las organizaciones de activismo tradicional son fundamentales. El activismo a través de la Red lo que hace es amplificar su radio de acción”.

Sea como sea, parece claro que el activismo a través de la Red, en sus múltiples variantes, está aquí para quedarse. El fenómeno ha llamado tanto la atención de la opinión pública que el próximo mes de abril se celebra en San Sebastián el II Congreso Ciudadanía Digital, bajo el lema Una nueva democracia supervisada por los ciudadanos. Los hechos de Oriente Medio, pese a su todavía incierto desenlace, prueban que los cambios son posibles. Y que la Red puede contribuir a conseguirlos.

PARA MAYOR INFORMACIÓN (sugeridas por la revista 21):

– Wikileaks (en inglés): http://213.251.145.96

La página del país sobre las filtraciones de Wikileaks: http://www.elpais.com/documentossecretos

– ONG tradicionales con fuerte presencia en Internet:

– Nuevas organizaciones de ciberactivismo

– II Congreso de Ciudadanía Digital: www.congresociudadaniadigital.com

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