Chungo, estás presente

Hace más de 20 años mi abuela dejó este mundo. Mucho antes de que yo naciera, su vida no pudo más con la crueldad de una enfermedad como el cáncer y se apagó.
Hoy estoy triste, pero cuando pienso en ella no suelo estarlo, su persona nunca conocida por mí, ni mis hermanos, está presente en mi querida madre y mi tía. Cuentan los que la conocieron que siempre deseó un hijo varón, irónicamente tuvo dos hijas, pero su añoranza se le cumplió en sus nietos…
Tres por falta de uno, tres que no la pudimos conocer en persona, pero que siempre la llevamos presente entre nosotros. Al menos yo la siento cada día, es maravilloso saber que aún después de muerta, esa persona nos acompaña en nuestra vida, aunque no la hayamos conocido.
En un rincón de este blog ya decía de mi abuela:
“Chungo fue pelotera, no de softball, sino de beisbol femenino. En el barrio, a años de abandonar el deporte profesional, jugaba con los muchachos lo mismo a la pelota que al quimbicuarta. Era un muchacho más, a mí no me gusta ni coger una bola en las manos.
A veces me he puesto a pensar cómo yo hubiera sido si mi abuela estuviera viva. Tal vez un niño mimado, un deportista apasionado o un amante sin remedio de la vida como lo fue ella. No sé, mas si estoy seguro de que aún sin conocerla, está siempre presente. Si existe el Ángel de la Guarda, esa ha sido mi Chungo.”
Mi tía Magda se parece muchísimo a mi abuela
Hoy quiero compartir con ustedes una entrevista que le realizara el periódico Juventud Rebelde, allá por el domingo 30 de mayo de 1982, aún yo no había nacido y ya mi abuela me adelantaba y salía por las páginas de este diario, luego dicen que no hay casualidades. El periodista Elio Menéndez hizo en este trabajo un retrato de mi Chungo con toda la gracia de ella, algunos nos conformamos con retazos para dar sentido a la vida de nuestros presentes ausentes.
Sientan ahora viva a Chungo, una de las MUJERES PELOTERAS de la década del 40:
Ahora que el softbol comienza a prender entre nuestras muchachas y se trabaja incluso en la integración de un equipo con vistas a los Centroamericanos que tendrán por sede a nuestro país, en agosto próximo, no estaría de más decir a los lectores más jóvenes que a finales de la década del 40 se jugó beisbol femenino en Cuba.
Todo comenzó cuando allá por el año 1947 visitó a Cuba un equipo norteamericano de mujeres, manejado por el exbeisbolista Max Carey, quien por eses tiempo había fundado en Estados unidos la Asociación Femenina de Beisbol, que a la larga fracasaría.
El diligente empresario yanqui, buscando nuevos horizontes para aquel negocio que pensaba exportar a otros países de la América hispana, convocó a práctica a todas aquellas muchachas que desearan ganarse un puesto en el elenco, hasta entonces exclusivo de norteamericanas.
Como gancho de atracción se ofrecía un “buen porcentaje” en el dinero que se hiciera en taquilla, y el encanto de viajar a países vecinos.
A las pruebas selectivas programadas para el parque Rafael Conte, de la barriada de Lawton, acudió alrededor de una veintena de chiquillas, entre ellas Adelina García, con quien JR tuvo oportunidad de conversar recientemente en su hogar, en la Playa de Baracoa, en La Habana.
Seleccionadas las cubanas de más condiciones, se pactaron varios desafíos de exhibición en La Habana, con escaso éxito; no ocurrió así en plazas del interior de la isla, en las que esta novedad de “peloteros” con faldas se convirtió en espectáculo de feria en tarde de domingo.
Después, criollas y norteñas se mezclaron en los equipos, en favor del espectáculo, y emprendieron la anunciada gira que en su primera oportunidad comprendió  visitas a Guatemala, Costa Rica, México, Puerto Rico y Nicaragua.
UN BOLAZO AL HAMBRE
Nacida en el seno de un hogar muy pobre, Adelina, inquieta desde pequeña, no tuvo en su infancia otros entretenimientos que correr tras un aro, arrullar un pedazo de palo envuelto en un trapo, y participar junto a sus hermanos -siete- en los piquetes de pelota que a diario se formaban entre los muchachos del lugar.
Por eso, cuando apareció en los periódicos aquella rara convocatoria, fueron sus propios compañeros de jugo quienes exhortaron a Chungo a que se presentara en el Conte.
Para ello, recuerda ahora Ernesto, hermano de Adelina, fue necesario una colecta, con cuya recaudación se le compró un vestido de peterpán en la tienda La Guajira, y un par de zapatos de piel, los primeros que calzaba a los quince años, para que no desentonara con las demás aspirantes durante su estancia en “la capital”.
ESA MUCHACHITA NO JUEGA MAS CUADRO
No hubo Adelina más que calentado el brazo, y enseguida el empresario yanqui llamó a su entrenador de pitcheo: Trabaje usted directamente con esta muchachita; de ahora en adelante no juega más en el cuadro…
Y la divulgación bien orientada bautizó con el sobrenombre de Velocidad García a aquellas guajirita de apenas 110 libras de peso… ¡Tan duro tiraba!
Pero ya Adelina está a disposición de comenzar a lanzar para ustedes. Entreguémosle, pues, la bola, y que sea ella quien tire:
Cuando le dijeron a los viejos que me iba para afuera, pusieron el grito en el cielo, pero los vecinos, que sabían de las diez varas de hambre que se pasaban en casa, los convencieron de que me dieran el permiso.
Adelina García, madre hoy de Bárbara y María Magdalena Pulido, auciliar de Guardafronteras esta última, recuerda:
Porque de verdad me gustaba la pelota y porque aquella era una ocasión propicia para matar el hambre mía y de los míos acepté el contrato. No he podido olvidar nunca la tarde en que el viejo llegó desesperado a casa y de un puntapié echó al patio la hornilla de carbón: ¿Para qué necesitamos fogón si nunca se prende? ¡Carijo…!
Debe aclararse, para que se entienda bien, que aquello estaba muy lejos de constituir un movimiento deportivo, sino un lucrativo negocio para Mr. Carey y sus socios cubanos; espectáculo que los entrenadores que viajaban con el equipo se extremaban en cuidar, perfeccionando los movimientos de las muchachas, adentrándose en los conocimientos teóricos del juego que a diario repasaban frente a un pizarrón.
A Chungo le enseñaron  a tirar curvas, y como ella y Mirtha Marrero eran las mejores lanzadoras del equipo, sin excluir a las norteamericanas, las utilizaban frente a frente, como principal imán taquillero.
SE LA DEJARON EN LAS MANOS
De aquellas experiencias guarda hoy la Secretaría General de la Sección Sindical del hotel Baracoa el mal sabor que dejó en algunas de ellas la estafa de que fueron víctimas por parte de uno de los funcionarios cubanos asociados a Mr. Carey, al no liquidárseles dinero alguno después de la última gira.
El hombre de negocios norteamericano regresó a Estados Unidos con sus glamorosas “girls” y la billetera llena, y el béisbol de mujeres desapareció en Cuba.
No faltaron a Adelina “ventajosos” contratos para ir a jugar a Venezuela, y posteriormente desde los propios Estados Unidos, para salir “a la conquista” de Japón, pero la muchacha ya se había casado, y como se dice que para prueba con un ratón basta, prefirió quedarse en Punta Brava, cerca de los viejos, al calor del hogar recién creado.
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