Apología a mi persona III

-Antes Filosofía, luego Periodismo, ahora Filosofía y Teología, ¿acaso tú te entiendes?
-Pues no, yo nunca imaginé transitar ese camino. A veces me suena absurdo o que estoy viviendo lo de otra persona, pero soy yo quien se ha dejado llevar por la vida, eso sí al mando como buen capitán.
Así respondería si alguien me hiciera esa pregunta o a lo mejor de otra manera, según el día o como tenga el moño, se dice en Cuba. Hoy comparto con ustedes esta última parte de mi apología, como se habrán dado cuenta mis complejos fueron cambiados por la modestia, jajaja.
Han sido disímiles los sucesos para hacerme quien soy hoy: la entrada en dos ocasiones a la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el choque con nuevas personas, el impacto con la gran ciudad de Cuba que te obliga a descubrirte tu mismo o te desnuda ella.
Fueron unos años de alegrías y tristezas que me llevaron a dónde estoy ahora.
El primer semestre de mi primer año, valga la redundancia, fue el motor impulsor de mi carrera. Ahí me di cuenta del valor de mis colegas y más aún del mío propio. Pese a ser interrumpido por una enfermedad que me obligara a la reclusión en casa cuando quería comerme el mundo. Este nuevo stand by sirvió para tomar con calma la vida, a veces demasiado relajado, pero de qué vale estar como el Correcaminos sin pararse a disfrutar las pequeñas maravillas, y no hablo de mí, jajaja.
Volví a la carga con un gran período en mi vida, uno de los mejores. Fueron meses de estar atado a una redacción, sentir en carne propia los encantos y barreras del Periodismo. Fueron casi dos años nutriéndome de periodistas estrellas, cosechando grandes amigas y amigos en el Diario de la Juventud Cubana, Juventud Rebelde.
Cada semana era un reto, la redacción fue mi segunda casa, solo llegaba a Playa Baracoa para dormir y mi madre vivía preocupada constantemente. Ahí me hice Correcaminos, pero de las cosas buenas, no cogía lucha con nada y si había rumba con lata en una esquina al momento iba con el primero que me invitara, bien lo sabe mi gente de La Habana.
El segundo grupo de la FCOM donde estudiara, fue una ayuda estupenda en el día a día. Todos los compañeros se me fueron descifrando poco a poco, aunque hay algunos que no pude llegar a conocer como me gustaría. El cotilleo en el aula retando a los profesores, las meriendas compartidas bien en Coppelia, el Castillo de de Jagua o el G-café, las fiestas y salidas nocturnas, los estudios de último minuto, fueron algunos de los ingredientes que lo hicieron especial. Hoy los tengo presentes, pese a la distancia.
El poligráfico, la Casona de G, la Rampa, el Malecón, el edificio del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), fueron parte de mi cultura cotidiana. Me encantaban aquellos días en La Habana, la oportunidad que me daban de ser yo es inigualable.
Gracias Cuba, siempre te llevo dentro.
A España dejemos que la valore el tiempo, aún la descubro, me inquieta, me apasiona y ya me voy enamorando…
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2 Comments

  1. ay alberto, me has emocionado con tus palabras para el grupo (gracias, por la parte que nos toca)
    ten por seguro que tú estás presente siempre y nos reímos mucho cada vez que nos acordamos de tus albertadas.
    !qué bueno que te torciste a tiempo, árbol derecho!!

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