Tavira, encanto de Portugal

He pasado un trabajo para acordarme donde tomé estas fotos, eso es lo que pasa por andar por ahí sin apuntar nada, quien me ha visto y quién me ve, yo que siempre andaba con un lapicero encima y al menos un pedazo de papel. Pero bueno, basta de lamentaciones… Hoy continuamos nuestro paseo por el sur de Portugal, ahora en la ciudad de Tavira, un sitio con un encanto como pocos, puede sonar como una frase gastada, pero lo que captó mi cámara lo demuestra.
Tavira tiene la magia de las ciudades europeas que conservan siglos de historia en su arquitectura, pero sobre todo la fusión que hacen con la modernidad.  Sin anularse una a otra, mostrando lo mejor de sí en cada rincón, las características de ayer y hoy dan a esta porción de Portugal la condición de ser una de sus ciudades más bellas. No solo lo digo yo, ok.
La devoción a Dios y la Iglesia, bien sea católica o de cualquier otra creencia, tiene en Tavira un sitio especial. Si algo me ha impresionado en estos meses de estancia en Europa es precisamente este énfasis particular hacia el Cristianismo. En Cuba todos creemos, unos en los santos, otros en Cristo; pero como en el viejo continente no he visto tanta manifestación de religiosidad. Aunque algunos se declaren ateos, o no seguidores, hay que ver cómo donde quiera hay una iglesia, alguien que cree en Dios y nos da esperanza. Gracias.
A Tavira la atraviesa un río, el Gilao, comparto con ustedes una opinión que me encontrara en Minube, un sitio para compartir los viajes. Cuenta la argentina Marta Pilar que en el Puente Romano “vimos un pilar blanco pintado en colores con el escudo de la ciudad y una inscripción en homenaje a los caídos durante la crisis política de 1383 a 1385 defendiendo el puente en el que se obtuvo la victoria en la lucha por la independencia de Portugal. Apenas del otro lado del Puente Romano casi se huele el mar allí nomás, las casas antiguas, algunas casi en ruinas pero con bellísimas rejas y muchísimas plantas, algunas totalmente descascaradas por el tiempo y la humedad, pero otras lucen tiestos con flores, alguna sombrilla y pintura muy blanca. Sus escaleras traseras dan sobre el agua de ese río tan especial, limpio y tranquilo como es el Gilao y fue allí que se me ocurrió darle el nombre de la “Venecia” de Tavira.”

En Tavira, pude disfrutar de la naturaleza con una peculiaridad: oculta entre los restos de un viejo castillo-no el de Castro Marín-, crecen las plantas endémicas de regiones tan remotas como la América. No vi mi palma real, pero algo del otro lado del Atlántico olía en aquel jardín portugués.
Pero lo que más me gustó de Tavira, fueron sus dulces, aunque yo me haya decidido, pese al frío, por un banana split. Los postres de este lugar no tiene nombre y sus sabor es indescriptible. Agora, perdón ahora quiero dejarlos con una imagen no muy grata de esta ciudad portuguesa, aunque a muchos no nos guste ver la cara demacrada de la realidad, a veces es más preciosa que esas fachadas arregladas parecidas a las viejas con coloretes, ¿o no?

Esperen pronto los dulces, de solo pensar en ellos se me hace la boca agua, mmm…
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