Che, un hombre nuevo

Sí estabas buscando la película de Tristán Bauer, puede ser que aquí encuentres algo, pero te recomiendo antes que todo el blog del filme Che, un hombre nuevo. Ahora si me quieres seguir la rima, continua, pero solo te advierto…

De Bauer he visto alguna de sus películas, pero para serle sinceros, ninguna la he terminado completa. No sé por qué pues me han llamado la atención, puede ser que llegada a un punto me canse de tanta historia a pulso y me levante. No obstante, con Che, un hombre nuevo me ha pasado todo lo contrario, mientras me daba más historia, mucho más quería.

Quería más por el Che vivo que me presentó en ese documental, quería más porque no era una caricatura como se empeñan en hacer muchos para bien o para mal. No era el héroe o el asesino, no era el de la estrella en la frente que seguimos desde niños en Cuba al ponernos la pañoleta azul y roja. No era el Che de las consignas, el de las arengas políticas a pulso y sin sentarse un momento a pensar, criticar la obra que se lleva adelante.

Era un Che de verdad, sin tanta justificaciones o mitos, inmerso en su pensamiento, con una visión de futuro que quisiéramos muchos hoy tener. Un Che capaz de andar entre la gente, montarse en un tractor dándole el pecho a las situaciones y no a la espera de que otros resuelvan nuestros problemas. Era aquel que sin saber ni un ápice de economía se lanzo en la empresa que le propusieron y lo hizo como el que más, predico con el ejemplo y no se quedó criando panza en una oficina.

Era un Che de principios, como lo han sido muchos hombres, pero en su tiempo le ha tocado a él. Desde su recorrido en moto por las Américas, la implicación constante con la causa de los más infelices, la cámara en mano para recoger a través de su lente la realidad de su tierra y la tinta con compromiso a una sola verdad: la igualdad de los hombres y la justicia plena. Fue un hombre entero.

Tristán Bauer nos ha regalado a un Che seguro en la timidez propia de un hombre que se sabe solo en el mundo, sin tan siquiera el amor de su madre que primero la tenía lejos y luego se le muere sin él estar a su lado. He conocido a Ernestito, ese niño inquieto que aprendió de la mano de su querida mamá a leer y a escribir, a sentir amor por todo y no solo por el mismo. Ernesto Guevara lo dejó todo, a su familia argentina, a su familia cubana, a sus hijos y a su mujer que amaba con locura y a quien dejó unos poemas grabados en su voz.

¿Dónde habían guardado a ese Che? ¿En una caja de cristal? ¿Para qué?

P.D. Las imágenes están disponibles en mi página personal de Facebook, en el álbum Che.
 

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