Madres: titanes desesperadas

En la vida hay tantas situaciones desesperantes que un blog sería insuficiente para contarlas todas. Lo cierto es que si hay desespero para algunas cuestiones del día a día, hay más tiempo para resolverlas que ganas de llegar a la solución definitiva. Y es que gozar de esa agonía de la espera desesperante, nos hace sentirnos más vivos y seguros de cuánto podemos lograr.
Hay una peculiar espera en la vida de los seres humanos que suele darse solo algunas veces y lamentablemente las mujeres son las únicas que pueden disfrutar de ella. No es que los hombres no podamos sentir lo mágico de este proceso natural, pero ellas –a quienes han considerado durante siglos la parte débil, la costilla de Adán- son las bendecidas con la dicha de traer al mundo un nuevo ser.
Por la mente de ninguno de nosotros: los hombres, el género fuerte, quien sustenta las familias por tradición; por nuestras mentes, no puede pasar ni tan siquiera un segundo lo grandioso de tener dentro de nosotros una criatura, alguien que más allá de vivir en el interior de las mujeres por 9 meses, vive en su mente para toda la vida.
Difícilmente podremos tener a alguien así que, como cualquiera de nosotros, seguirá a cada segundo en el subconsciente de las madres. Esas que puede uno tener 40 años, pero ella seguirá ahí, preocupada y alerta, a la espera de saber que estamos bien, aunque estemos lejos, aunque no sigamos en su regazo, pero estamos a gusto con nuestras vidas y bajo un techo seguro.
¿O es que acaso no recuerdan cuando mami estaba despierta en casa después de las 12 de la noche a la espera de nuestra llegada? Uno nunca puede imaginar lo que maquinan sus mentes sobreprotectoras al ver las horas pasar y no encontrarnos en la cama o recorriendo algún rincón de la casa.
Pero lo mejor es saber que siempre estarán esperándonos con una sonrisa de aliciente aunque estén desesperadas y con el corazón en la boca, ansiosas por oír: “Mami ya llegué, estoy en casa”.
Aprovecho la oportunidad en que hablo de las madres para compartir con ustedes una foto de una nueva mamá, mi prima Muma, quien ha tenido dos gemelitos prematuros –César Julio y César Alejandro-, quienes gracias a Dios hoy se encuentran mejor y junto a ella. Si difícil es una maternidad normal, en las que la mamá salen a la semana del hospital con su bebé en brazos, imagínense pasar más de dos meses viendo a tus niños a través de un cristal.

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