La espera que desespera

Entre las miles de frases populares que abundan por doquier, está dicho proverbio, que si bien no es chino nos deja los ojos rasgados a más de uno y con un indicativo indiscutible de que hay algo, puede ser pequeño o grande, decisivo o intrascendente, pero al final algo para hacer de nuestros días una real tortura china.
Las situaciones diarias son disímiles como la vida misma. ¿Quién no ha perdido la cordura en la espera infinita de una cola en La Habana o cualquier lugar de Cuba? Mira que hacer cola aquí es como tener al Sol en cada uno de los 365 días del año. Lo mismo para buscar el pan, recoger los mandados, comprarse una pizza, entrar a una tienda, o montarse en la guagua –especialmente esta última-; siempre hay cola y lo que es peor siempre hay que esperar.
Pero lo mejor es cuando se conjugan todos los factores en la espera. Llega uno tranquilamente a la parada, con ganas de llegar a su casa, o al trabajo, pero tranquilo que no hay que buscarse muchos problemas, entonces está ahí el Sol, a toda intensidad, colándose entre el gentío para hacerle saber que él es el Indio como le dicen muchos; y uno ve las guaguas que pasan vacías hacia donde uno se dirige, pero que jamás te recogen.
Tu guagua, la esperada, pasó cientos de veces, pero hacia el otro lado. Y uno se derrite, se asfixia, quiere respirar mas es imposible; y a esa hora te lamentas de haber hecho la cola para una pizza, que te mantiene lleno, pero te evita coger ahora -cuando más falta te hace- una máquina, un almendrón de los 50 que recorre La Habana como el taxi ansiado, pero imposible.
Quieres gritar, pero esperas a que llegue la guagua. No se demorará más, piensas en un último intento para calmar tus ansias. Y no se demora tanto, solo que ahora viene repleta, llena y media, pero te tienes que ir, como sea, dónde sea, como sardinas en latas, prácticamente arriba del conductor y te vas. Entonces ves llegar otra atrás, vacía y media, como la hubieras querido, pero ya es tarde y te vas en un mar de gente hacia tu destino.
Esa puede ser sin dudas una situación real de las esperas desesperantes. No quiero caer en otras pues las historias serían interminables. Más si me gusta creer que tras cualquier espera, la recompensa será inmensa, de proporciones inimaginables y con un peso solo calculable si se tiene en cuenta la espera que se ha tenido y sobretodo la fe en el mejor de los desenlaces.
Nada que si no tenemos una espera que desespera, entonces ¿cómo vamos a valorar cualquier aspecto de nuestras vidas? No les parece.
*Comparto con ustedes unas fotos de una amiga donde recoge con su manera peculiar de ver la vida una espera en una de las paradas de La Habana, la de 23 y Coppelia. Gracias a Albita por tanta buena foto, quisiera que si alguien se embulla comparta con nosotros alguna espera desesperante que ha tenido alguna vez.

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