Nostalgia

Cuando uno se pone a desempolvar papeles viejos aparecen cosas que se pensaban perdidas. Por suerte yo siempre he conservado todos los papeles que he escrito o me han regalado, bien sean tres palabras, dibujos o un libro, sobretodo estos últimos.
Pues el otro día me encontré una hoja escrita por mí en diciembre del año 2003. Se imaginarán que fue tropezar con mis primeros intentos de escritura, o como decía antes las cursilerías que se me ocurrían. Estaba yo en el primer año de mi vida becado en el campo, alejado de todo vestigio de civilización, con más tierra roja alrededor que personas en sí.
Estaba en el IPVCE “Mártires de Humboldt 7”, pero no estaba tan mal porque coincidió con mi primer amor. Aunque mirándolo desde la distancia, fue mi primer empecinamiento infructuoso, pues más que un amor fue una tortura. Yo lo disfrutaba muchísimo, pero luego de un tiempo sin ser correspondido era más el dolor que el sentimiento.
Menos mal que el hecho de estar en un ambiente totalmente nuevo, conociendo personas de otros lugares y compartiendo una semana entera –de lunes a viernes, o de domingo a sábado- con mis compañeros de aula y albergue, despejaba de mi mente aquel amor imposible que nunca fue correspondido.
Aquel Grupo 20 de la Humboldt, hizo por mí lo que nunca antes había sentido más allá de mi propia familia. Con ellos sentía la complicidad de los hermanos, el consejo certero de la madre o el empujón necesario del padre, aunque al final mis intentos de concretar una relación fuera en vano.
Más allá de las diferencias marcadas entre cada uno de los que componíamos el 20, solo puestas en función del grupo para no trabajar o ir a los voluntarios; aquellos años en la Humboldt fueron especiales.
Los intentos clandestinos de ver televisión en el autoestudio, los bailes en la recreación aún cuando en la semana había pruebas, las conversaciones casi filosóficas que terminaban en alguna palabrota, las rencillas entre las hembras que eran casi todo el grupo, mientras los varones mirábamos tranquilamente desde la distancia.
Esas fueron algunas de las cosas que nos marcaron, sin contar las salidas de fin de semana a las discotecas de Bauta o Playa Baracoa, las idas a las Ferias del libro, las relaciones que surgían sin uno esperárselo o que morían en el primer intento. Fueron muchos los momentos que aún nos mantienen juntos más allá de las distancias territoriales o sociales.
Aquel Grupo 20 sigue siendo de todos los que ahí nos hicimos mejores personas, mejores amigos y hoy seguimos compartiendo cada vez que la oportunidad se da. Por aquellos días sí me cae la nostalgia, aunque el título de aquel escrito a un amor no correspondido lo lleve por nombre, aquí les va:
Qué triste se siente la vida sin ti, sin tu mirada, sin tu presencia. No puedo vivir una noche, un día, un instante sin ti. Siento que muero cuando no estás, cuando no encuentro tu voz al teléfono o tu simple sonrisa al compás del aire. Sutileza la de tu ser que me llega al corazón y me lo hace palpitar a una velocidad solo posible cuando la produce el amor.
No tengo razón, ni conciencia cuando me encuentro a tu lado, solo sé reír, decir y hacer boberías, lo que hace un ser humano enamorado. Nostalgia la que me embriaga cuando no te encuentro, cuando no te diviso, ni te siento. Estupidez que me domina al estar a tu lado, ya que no sé una forma de decirte que te quiero mucho, te amo hasta lo imposible.
No cabe dudas que el amor es caprichoso y el tiempo no hace otra cosa que alimentarlo, el mío por ti ya se pasó de la línea de la gordura, y sigue en ascenso, el no opta por las dietas. Este amor lo tengo guardado en una cajita de cristal, tan dura como sensible, que está en un lugar que tú solo puedes encontrar.
No tiene una llave, ni un código de seguridad, se abre al pensar en ti, al sentir tu voz, al verte, al tener la inmensa necesidad de ti, porque para mí lo eres todo, lo que me hace completo y con quien no necesito a nadie, ni a nada más.
Eres mi media naranja, las piezas que le faltaban a mi rompecabezas, la música con la que puedo bailar la vida entera, mi estrella, mi sol, mi luna, eres para mí desde lo más pequeño hasta lo más grande.
Cuantitativamente eres mi infinito.
*Les adjunto algunas fotos de momentos que hemos compartido los del grupo más allá de los años de escuela. Lo más reciente la boda de Nieves y el Flaco que ya me decían que no pusiera las fotos en Facebook, pues en mi blog al menos una. También otras de la fiesta de cumpleaños de Laura, una salida a la Noche de los Libros y a las Playas del Este. Falta nos hace un buen chapuzón…

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