"El fútbol a sol y sombra"

Seguimos en los últimos días de la Copa Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010 con la tinta exquisita de Eduardo Galeano. Hoy con un fragmento de su libro El fútbol a sol y sombra dedicado especialmente a los cabezas pensantes de las selecciones.
Lo apasionante de este juego es la cantidad de factores que tienen que fusionarse para lograr un buen partido. Todos y cada uno de los jugadores tienen que poner el alma en el campo para lograr la victoria, pero lo más importante es no olvidar jamás que no es uno solo, sino un equipo quien hace las mejores jugadas.
Y más allá del equipo, justo en la banquilla, aunque con el corazón en el juego, el hombre que hace y piensa cada jugada como si fuera propia. Aquel que en sus años mozos estuvo dando de sí con el balón entre los pies y ahora lo da desde la distancia, con la energía bien positiva para que su equipo esté como toda una máquina de hacer, con los goles, la alegría de los fanáticos.
De ese que bien le digan seleccionador, director técnico o entrenador, es un factor fundamental en cada juego, a quien se le agradece todas las victorias, pero que es señalado con el dedo tras cada derrota. De ese… nos habla y se cuestiona este cronista uruguayo, Eduardo Galeano, a quien se le agradece tantas ideas geniales para consumir sin consumirnos el cerebro.
Les regalo algunas fotos de mi pueblo Playa Baracoa, donde colgaron banderas de todos los países, como en todos los rincones de Cuba. Gracias a mi hermano Sergio Luis, apenas un pupilo con la cámara, aquí les van las banderas de Argentina y Brasil, los favoritos sudamericanos ausentes en esta final del 2010.
Finaliza el primer tiempo, esto sigue pegadito, caballeros, pero increíblemente sin un solo gol… está escaseando más que el petróleo en el Golfo de México, mucho intento, muchas ganas, pero se siguen derramando en el medio del campo y nadie se acaba de concentrar ¿será posible? Vamos al medio tiempo, mejor me callo, los dejo con Eduardo Galeano:
El director técnico
Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas.
El entrenador decía:
Vamos a jugar.
El técnico dice:
Vamos a trabajar.
Ahora se habla en números. El viaje desde la osadía hacia el miedo, historia del fútbol en el siglo veinte, es un tránsito desde el 2-3-5 hacia el 5-4-1 pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2. Cualquier profano es capaz de traducir eso, con un poco de ayuda, pero después, no hay quien pueda. A partir de allí, el director técnico desarrolla fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús, y con ellas elabora esquemas tácticos más indescifrables que la Santísima Trinidad.
Del viejo pizarrón a las pantallas electrónicas; ahora las jugadas magistrales se dibujan en una computadora y se enseñan en video. Esas perfecciones rara vez se ven, después, en los partidos que la televisión transmite. Más bien la televisión se complace exhibiendo la crispación en el rostro del técnico, y lo muestra mordiéndose los puños o gritando orientaciones que darían vuelta al partido si alguien pudiera entenderlas.
Los periodistas lo acribillan en la conferencia de prensa, cuando el encuentro termina. El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas:
Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas, dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito de morondanga. O ratifica la confianza en sí mismo, hablando en tercera persona más o menos así: «Los reveses sufridos no empañan la conquista de una claridad conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia».
La maquinaria del espectáculo tritura todo, todo dura poco, y el director técnico es tan desechable como cualquier otro producto de la sociedad de consumo. Hoy el público le grita:
¡No te mueras nunca!
Y el Domingo que viene lo invita a morirse.
El cree que el futbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi.

Tu opinión vale

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s