A propósito del Mundial de Fútbol

La fiebre del fútbol ha contagiado al mundo entero, que durante el pasado mes de junio y estos primeros días de julio espera ansioso el desenlace final de esta Copa Mundial, por primera vez en un país africano e irónicamente con un cierre a todas luces europeo.
Grandes partidos se han disfrutado a lo largo de esta jornada y grandes desilusiones también: la salida de los gigantes sudamericanos Argentina y Brasil, así como del campeón de la pasada justa Italia y el subcampeón Francia. No obstante, a algunos nos queda aferrarnos a nuestras raíces españolas, pero luego de tanta sorpresa, nadie se atreve a declarar favoritos y solo nos resta esperar a ver, cual moneda al aire, de quién es la victoria final.
Hasta en la edición de junio de un suplemento digital sobre Feng Shui, hicieron referencia al Mundial de Fútbol como los mundiales de fuego. Según ellos más allá de los resultados deportivos, al realizarse cada cuatro años, los mundiales coinciden siempre con los años Tigre, Caballo o Perro del calendario chino, los cuales forman una de las tres armonías de este horóscopo, también llamada triángulo del Fuego: Tigre-Caballo-Perro.
“Este año es del Tigre, el mundial del 2006 fue en el año del Perro, el 2002 en el del Caballo y así sucesivamente si seguimos el conteo hacia atrás”. Pero más allá de supersticiones y creencias, esta justa constituye, al igual que las olimpiadas, el momento idóneo para que los pueblos del mundo se hermanen en una batalla sin armas, solo con sentimientos encontrados de pertenencia por sus selecciones, sus países que corren en el campo de juego con la esperanza entre los pies.
En un texto que me encontrara del uruguayo Eduardo Galeano, este periodista y ensayista se cuestiona si el fútbol es el opio de los pueblos. Casualmente la selección de este país sudamericano sorprendió a muchos con su irrupción en semifinales, donde dio una batalla singular a los holandeses.
A propósito de los últimos días en que el mundo vive a la expectativa de las emociones de un balón rodante, compartiré con ustedes en los próximos días, algunos artículos de Eduardo Galeno, tomados de su libro El Fútbol a sol y sombra. Corren los primeros 45 minutos y así dice este cronista:
¿El opio de los pueblos?
¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.
En 1880, en Londres, Rudyard Kipling se burló del fútbol y de “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más que sutil: dictó una conferencias sobre el tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en la selección argentina estaba disputando su primer partido en el Mundial del ’78.
El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con los pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la Cultura, y así la chusma tiene lo que quiere.
En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.
Cuando el fútbol dejó de ser cosas de ingleses y de ricos, en el Río de la Plata nacieron los primeros clubes populares, organizados en los talleres de los ferrocarriles y en los astilleros de los puertos. En aquel entonces, algunos dirigentes anarquistas y socialistas denunciaron esta maquinación de la burguesía destinada a evitar las huelgas y enmascarar las contradicciones sociales. La difusión del fútbol en el mundo era el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos oprimidos.
Sin embargo, el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió “este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”.

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