Cajones para guardar el futuro

Continuamos con las palabras de Eduardo Galeano sobre el consumismo. Este fragmento tiene una magia única, de aquella que te acerca a los abuelos o tíos que uno veía en ocasiones y en casa de los cuales revisar se volvía una adicción mayor de viaje en viaje. Hoy solo guardamos lo del momento, y a cada rato hay que hacer limpieza para quitarse lo malo de arriba, Cuba es un país con bastante supersticiones y eso se sabe, ni que decir de la brujería.
Otros prefieren guardar las cosas en la memoria, en el baúl de los recuerdos para desempolvarlo a cada instante y trasladarse a épocas pasadas con realidades mejores o simplemente distintas de lo que son hoy. Para los que rondamos los 20 nuestros recuerdos son bien frescos, pero para nuestros padres, tías y abuelos hay mucho de que acordarse. ¿Quién no ha oído en Cuba evocar la carne rusa? ¿Quién no se acuerda de Flipper o aquel estribillo que decía Hay un gran autobús arriba en el cielo…? ¿O de las cajas de fósforo Chispa que acompañaron –casi incendiaron- nuestras casas?
People, para algunos sin dudas los 80 y Rusia marcaron su vida, dice una canción que aún hay quien va al psiquiatra para atenderse por los muñequitos rusos. Pero otros no nos acordamos ni del sabor de la carne rusa y cuando probamos alguna hace poco, nos miran y dicen bah, aquella sabía mejor. Y puede ser cierto, el recuerdo suele tener mejor sabor; aunque algunos veamos aún muñequitos rusos, Flipper o Skippy sigan rondando la televisión cubana, que nos hace volar como el BumBum Chacata a aquellos tiempos.
Ahora comparto con ustedes parte de aquella historia, fotos que me llegaran vía email, ilustrativas de aquel pasado que siempre nos está rondando; pero dejemos al uruguayo Eduardo Galeano rememorar sus cajones:
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos… ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
NOTA: Estas fotos me las enviaron vía e-mail, el que las conservó en verdad recogió una parte de la historia reciente en Cuba, marcada por la influencia de Rusia. Gracias por hacernos recordar aquellos tiempos…

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