Sin campanas de cristal

Esta entrevista formó parte de un trabajo publicado en el diario cubano Juventud Rebelde, un análisis sobre la moda en el socialismo ¿acaso es incompatible? Si quieren más detalles pueden ver las dos partes en la página web:
1ra- La piel pública, publicado el 12 de diciembre de 2009
2da- Sin campanas de cristal, publicado el 19 de diciembre de 2009, donde aparece este fragmento:
“La sociedad en la que nos movemos ha inventado muchos sistemas para obligarnos a actuar de un modo determinado, sin que nos enteremos demasiado. A través del vestido podemos suponer ciertas características de los individuos que se nos escaparían si anduviesen desnudos; por ejemplo, su procedencia social, su nivel de cultura, su trabajo, sus gustos, su tipo de vida, y sobre todo su nivel de poder. El vestido de alguna forma es vehículo de información».
Así afirma la periodista española Margarita Rivier en su libro La moda¿comunicación o incomunicación?, citado por la especialista Yeisa Sarduy Herrrera en su trabajo de diploma dedicado a la moda y sus principales características, que ella define como la imitación y la diferenciación.
Juventud cubana y la moda
Juventud Rebelde se acercó a la joven investigadora, entre otros especialistas, con el fin de conocer los pormenores de la moda, a la que muchos afirman nadie escapa, incluso en una sociedad socialista como la nuestra.
«La moda como fenómeno social lleva implícita la imitación y la diferenciación. En el caso de los jóvenes universitarios, incluso la juventud toda, estas aristas se pueden apreciar mucho. ¿La imitación por qué? Primeramente los patrones de referencia a los que los jóvenes hacen mayor alusión son los medios de comunicación, las revistas y lo que ven “que se usa en la calle”, lo cual viene importado, y sobre todo por íconos sociales que deciden imitar.
«Los universitarios no quedan exentos de eso; quizá a ellos los distingue un tipo de música, pues decir universidad era decir trova, y la vestimenta es un elemento que conforma o construye la identidad. Podría parecer que hablamos de un sector homogéneo; sin embargo, son muy diversos y en la vestimenta podemos observarlo. Ahí se evidencia la diferenciación. En la medida en que me quiero distinguir y quiero que sepan que formo parte de un grupo determinado entonces voy a portar lo que ese grupo me exige para formar parte de él, crear mi identidad personal y a la vez brindar mi imagen de una identidad social a través de una identidad propia».
Según Yeisa, los procesos de imitación y diferenciación podrían apreciarse de forma antagónica, cuando son las dos caras de una moneda. Esto se debe a que la moda se caracteriza por ser un fenómeno cíclico y efímero, donde los estilos simplemente toman otros significados, y lo que se usó en otro tiempo, regresa a la palestra con nuevos bríos. «Los jóvenes universitarios conforman una masa bastante diversa —ahondó la licenciada—, y hasta en el interior de las mismas facultades puedes encontrar diversos grupos que manifiestan una forma de vestir desigual. Los medios de comunicación y en particular el uso de Internet sirven para la difusión de lo que se conoce como «tribus urbanas» o culturas juveniles. En estas encontramos jóvenes adolescentes con estilos de vestir iguales y determinadas prácticas y conductas, que forman parte de su propia identidad. Así, podemos hablar de los emos, freakis, repas, rasta…
«En la universidad existe además la distinción entre facultades; incluso en la misma facultad están los que siguen la moda y los que no. Mas no seguir la moda es una respuesta al fenómeno en sí mismo, pues nadie escapa a esta. Quien la sigue responde a los grupos que están insertados en este camino por sus condiciones económicas, y quienes dicen “yo no me visto así porque no sigo la moda”, adoptan una postura frente a ese fenómeno porque responden a la vestimenta de un grupo que no lo ve como un elemento esencial para su conformación, aunque sí tienen una identidad».
No vivimos aislados, y justamente en la sociedad las relaciones propician cuestionarnos qué nos vamos a poner, cómo luciremos. Eso no es más que la significación social de la moda, o sea, qué representa para el joven esa corriente que se debe seguir. Ahí cabe cuestionar si esa moda es para todos o vamos a lo que está de moda a nivel general.
«Si miras a otra provincia, muchos quieren llevar lo que se usa en La Habana, o se guían por Internet, revistas extranjeras, etcétera. Muchas veces obviamos los diseños realizados por los artistas cubanos y eso es fundamental. Se debe hacer un rescate y los estudiantes universitarios se acercan un poco a eso, porque mayormente se distinguen por la saya larga, usar muchos collares, muchos pulsos, los pañuelos y tienden a tomar confecciones propiamente cubanas».

Juventud Rebelde, logo
(publicado en Juventud Rebelde)

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