Compromiso con el Periodismo: Lisandro Otero

No debería confesar esto, pero hay una premisa -inmensamente violada por algunos- en el Periodismo que es la veracidad. Sé que este sitio es un blog y no tiene mucho que ver, por suerte, con el toque panfletario y de tribuna de algunos medios tradicionales, lamentablemente en Cuba sobran los ejemplos. Otra de las condiciones del Periodismo es ser concreto, exacto en lo que dice, y yo ya la violé…
Lisandro Otero, periodista cubano
Hace unos meses quedé sumamente sorprendido al enterarme que Lisandro Otero había fallecido, tremenda ignorancia mía y una falta lamentable pues he leído muchos de sus libros y es uno de los escritores cubanos que más me gusta. Por suerte, o para colmo de las coincidencias y restregarme en la cara el despiste imperdonable, fue un excelente periodista y entre sus libros Avisos de Ocasión,  y el tan recomendado Trazados, que aún no leo, son clases magistrales de Periodismo.
A mí me gustaría exponer mis pensamientos sobre lo que debe hacer la buena prensa, pero ante sus geniales palabras los dejo con Lisandro Otero en Periodismo y Opinión:
El periodista es un sacerdote laico y dentro de sus funciones se encuentra la renovación de la fe en la eficacia de las virtudes cívicas: la comunicación social ha tenido un papel primordial como orientador ideológico. La autoridad que los comunicadores sociales han ejercido ha estado en relación directa con su concepto de obligación social, con su deber de identificarse con las causas de mayor arraigo, con el cumplimiento de un deber que ha estado siempre vinculado al desarrollo nacional. Esta transmisión de la verdad, y de los valores culturales, ha sido la noción tradicional de nuestra profesión.
Edificar la opinión pública es una función del periodista y solamente puede ejercerse cuando existe un fuerte vínculo entre quienes piensan y quienes actúan. El periodismo moderno tiene como deber ineludible facilitar la toma de conciencia de la gama de riesgos y quebrantos que azotan a la humanidad. Los periodistas nos consideramos depositarios del dinamismo social, de los resortes que actúan como impulsores de la marcha de la comunidad.
De igual manera debemos analizar, diagnosticar y exponer y también hay que supeditar nuestro oficio a un cometido moral que le otorga una dimensión más elevada a la simple tarea de informar y opinar. El periódico impreso tiene su destino marcado, como instrumento de meditación en la esencia de los sucesos contemporáneos, como punto de observatorio y examen. Somos hombres de ideas, de luchas ideológicas, de combate espiritual y por ello el conformismo es el peor anestésico de la eterna vigilia del periodista.

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