Máximo Gómez entre atletas

Colaboración de Yosvani Gaínza Álvarez


Soy tan joven, tan jocoso y atlético como cualquiera de aquellos que se divierten en el parque habanero del Generalísimo Máximo Gómez. En mi tiempo libre prefiero leer, charlar con mis amigos o practicar deporte, y siempre con las ganas de llegar a las Olimpiadas. Sé que estos muchachos también lo desean.

¡Qué bueno! Tenemos más deportistas para los juegos olímpicos: peloteros, karatecas, hasta nadadores de 4 a 12 años. Que se apresure el INDER (Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación) para rescatar las futuras medallas. Hay glorias en la calle.

Hablemos entonces de Historia, asignatura conocida desde pequeños; materia de la cual sabes sin recibir una clase, pues todo cubano nació y nace con la estirpe de Antonio Maceo y el internacionalismo de Gómez. Al desempolvar el libro de Historia de Cuba, veremos que este dominicano luchó en las guerras de independencia de 1868 y 1895. No hallarán en Internet, ni en libros modernos, que el signatario del Manifiesto de Montecristi participó en eventos deportivos mundiales u Olimpiadas.

Y es que en este parque monumental, situado cerca del túnel de la Bahía de La Habana, no es por “amor al arte” que ondean dos banderas: la cubana y la dominicana, sino porque honran a una personalidad de la historia de la Isla.

Solo hay que asomarse por allí para presenciar con cuánto entusiasmo los muchachos realizan deportes en un lugar que todavía no figura como un estadio. ¿No habrá en La Habana centros recreativos donde esta juventud atlética desate tal gozo? ¿Acaso este lugar tan emblemático forma parte de alguna entidad del INDER?

Entonces uno se pregunta qué hacen los custodios, esos que tienen un salario por velar la integridad del parque y hay que ver como algunos practican hasta ciclismo alrededor del Generalísimo. ¿Por qué? ¿Será que esos futuros deportistas tienen algún pase o credencial para acceder al sitio a desarrollar sus músculos?

Plaza Máximo Gómez, La Habana, CubaQuiero pensar que es un mal que agobia al mundo, y no solamente a Cuba. Deben existir otros seres irrespetuosos que harán lo mismo en algún rincón, el descuido no tiene porque ser una cualidad solo del cubano.

¿Qué pensará un niño o niña, cuando observa tales actitudes en un parque concebido para descansar y disfrutar del litoral habanero? Pueden especular que Máximo Gómez no es uno de los mayores héroes cubanos del siglo XIX, pensarán, y sin malicias, que Gómez lo dio todo en la pista para convertirse en una estrella del deporte cubano.

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